Dos de Mayo – T1C2 – La penuria

El barrio sufre escasez de alimentos. En La Gata Blanca Don José, Bartolomé, Pepita intentan hacer un caldo de la nada. Curro anuncia que llegan los Imperiales. Refluir ha encontrado un pasquín contra los franceses. Entra en La Gata Blanca. Todo es silencio. Luis Valencia esconde un cuchillo. Lefleur provoca a todos, especialmente a Luis. El francés acaba golpeando a Braulio. Se llevan al español. Refluir, arrogante les dice que Braulio está acusado de imprimir en su imprenta panfleto contra los franceses y el Emperador. Una vecina, orgullosa escupe a Lefleur, el teniente propina un bofetón a la señora. La tensión crece. En la confusión, Braulio intenta escapar. Refluir le dispara sin alcanzarle. Herido en su orgullo Lefleur se lleva a la señora.

En el cementerio, Cata descubre que las tumbas han sido levantadas. Doña Cata intenta encontrar la tumba de su hijo. Un par de soldados franceses la humillan. Llega Don José e intenta ayudarla. Los soldados se marchan entre amenazas. Pepita está doblando algunas telas y organizando el taller. Llaman a la puerta. Una modistilla va a abrir y hace pasar a dos francesas de mediana edad, que vienen acompañadas por Adrián, Barón de Puertablanca. La francesa estirada lleva una bolsa con vestidos. Entran riéndose y ambas ponen cara de disgusto cuando ven que el taller es muy modesto. La modistilla se marcha al almacén del taller. Pepita observa la mueca de la francesa estirada pero trata de disimular y va a atenderles. Sus ojos se cruzan con los de Adrián, que le sonríe, pero Pepita no puede evitar mirarle con desconfianza.

Las francesas quieren hacer un encargo, Adrián pone de manifiesto su idea de que lo que viene de Francia no es tan malo. Llega Doña Cata a su taller y, enfadada, se niega a aceptar ningún encargo de una francesa, por mucha necesidad que tengan para poder comer. En el reservado de La Gata Blanca María intenta dar el pecho a su hijo pequeño al lado de sus otros hijos. Pero el hambre pasa factura y María no tiene leche para amamantar. Don José no sabe cómo solucionar este grave problema. Las restricciones de los franceses van a acabar con la vida de todos y por hambre. Pepita y Doña Cata dialogan en el Taller de Costura. No hay trabajo, no hay dinero y, por tanto no hay para comprar comida. Las mujeres españolas no hacen encargos y queda una solución, aceptar el encargo de las francesas. Doña Cata se niega. Pepita se indigna, es un modo de salir adelante y eso no quiere decir estar al lado de ellos…

Dos de Mayo – T1C1 – Dicen que viene Luis Valencia

Madrid, 1808. Los protagonistas asisten a los dramáticos fusilamientos ocurridos la noche del dos de mayo, en los mueren cientos de españoles a mano de las tropas francesas invasoras. Entre los muertos, Manuela Malasaña, es enterrada junto a otros héroes, rodeados de la indignación de todos.

A partir de este instante, toda la nación alimentará un heroico espíritu de resistencia frente al invasor francés. Siete meses después, en diciembre de 1808, Napoleón llega a Madrid y la ciudad capitula.

Nuestros personajes, vecinos del barrio de Manuela, van a sentir el miedo y la incertidumbre de vivir en una ciudad sitiada. Tienen que convivir con el enemigo en un invierno gélido con escasez de carbón y de víveres. Don José se debate entre acoger o no a los clientes franceses en su botillería, lo que le enfrentará a su hija Pepita, joven rebelde, que censura la aparente cobardía de su padre. María, hermana de Pepita, y madre de tres hijos, sufre porque su esposo Pedro, soldado español, ha sido detenido y su vida peligra. El Padre Bartolomé, autoridad moral del barrio, no da abasto curando heridos en su hospicio benéfico y se confiesa impotente ante Dios. Doña Cata, madre coraje, lucha por hacer que su hijo Felipe, herido en la defensa de la ciudad, sobreviva.

Todo el barrio quiere movilizarse pero necesitan un líder que les guíe. Luis Valencia, heroico bandolero admirado por todos, se escapa de la cárcel, y el barrio ve en él la esperanza de ese líder. Especialmente, nuestra protagonista Pepita, y la gitana Lola, perdidamente enamoradas de él. Sólo Luis se podría enfrentar a Lefleur, el despiadado Capitán.

Dos de Mayo (2008)

«Dos de Mayo, Libertad de una nación» arranca con el entierro de la joven modistilla Manuela Malasaña en Mayo de 1808. Allí comienza a forjarse el espíritu de rebelión y resistencia que acompañará a nuestros protagonistas cuando en diciembre de ese mismo año, la ciudad de Madrid se rinda y se convierta en una ciudad tomada. En ella nuestros protagonistas van a tener que luchar día a día por sobrevivir con escasez, de alimentos, frío y la opresión que ejerce sobre ellos la presencia constante en sus calles del enemigo invasor y vivirán la visita del Emperador Napoleón Bonaparte con su correspondiente toque de queda, la primera navidad en guerra.

«Dos de Mayo, Libertad de una nación» es también la historia de amores predestinados; Pepita García tendrá dos amores ese año, dos amores contrarios e inesperados: el ladrón de buen corazón Luis Valencia y el afrancesado Adrián López. El amor maduro, lento y reposado de Doña Cata y Don José, la pasión sexual sin compromiso de Luis Valencia y Lola, el amor imposible y prohibido de Don Bartolomé y María, el amor adolescente de Toñín y una jovencita, el amor de conveniencia de los matrimonios concertados representado por Adrián y Madelaine…

En el barrio donde viven nuestros protagonistas, se ha hecho especialmente célebre la presencia del teniente Armand de La Fleur, encargado de mantener el orden en la zona. Empieza a rumorearse que algún vecino especialmente díscolo ha desaparecido y que ha sido asesinado por el sanguinario teniente con sus propias manos. El miedo cunde en las calles, en las plazas, en los hogares de los humildes vecinos que sólo desean vivir en paz y recuperar la libertad perdida. Los franceses han establecido un toque de queda que impide que los madrileños puedan caminar por las calles más allá del anochecer y están prohibidas las reuniones de más de tres personas en la calle.

Así pues, el café «La gata blanca» se transforma en el lugar de reunión y conspiración de los vecinos de la barriada. Poco tarda el teniente De La Fleur en comprender que debe mantener estrictamente vigilado el café y establecer una red de espías que le permita averiguar qué se trama en un lugar tan inocente aparentemente como el establecimiento de don José García, el padre de la joven modistilla Pepita, a la que encuentra sumamente atractiva.

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