Las Suplicantes (2021)

Las Suplicantes (2021)

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Cuando todo parece estar perdido, el pueblo argivo enfrenta y vence a los egipcios sin más armas que unas firmes palabras que avalan la libertad femenina. Libres por fin, las Danaides habitan en Argos; sin embargo, pronto llegará una guerra. El ejército de la ciudad que un día las acogió es cruelmente derrotado y el dolor se multiplica cuando el vencedor se niega a devolver los cuerpos de los vencidos.

Serán sus madres, las madres de los caídos, quienes ahora se tornen suplicantes y, acompañadas por las Danaides, marchen en busca de los cadáveres de sus hijos.

Las suplicantes es una mirada catártica al pasado para reencontrarnos como seres humanos a través del acto ritual que es el teatro. Rito, reflexión y llanto colectivo para un momento histórico en que conllorar es absolutamente necesario.

Versión libre de Silvia Zarco sobre las obras homónimas de Esquilo y Eurípides

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Mara Bonilla Distribución

Personaje: Corifeo de las Madres

Actores:

  • Carolina Rocha
  • Cándido Gómez
  • David Gutiérrez
  • Eduardo Cervera
  • María Garralón
  • Valentín Paredes
  • Rubén Lanchazo
  • Javier Herrera.
  • Cante: Celia Romero

Estreno: 18 de Agosto 2021 en el 67º Festival de Teatro Clásico de Mérida

Autor: Versión libre de Silvia Zarco sobre las obras homónimas de Esquilo y Eurípides

Dirección: Eva Romero BorralloUna coproducción del Festival de Mérida y Maribel Mesón

Estreno: 18 de Agosto 2021 en el Festival del Teatro Clásico de Mérida

2021:

Agosto:

18-22: Mérida, Teatro Clásico de Mérida

2022:
Abierta contratación: Mara Bonilla Distribución

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Las suplicantes cierra el Festival de Mérida con su grito a la igualdad

María Garralón, Valentín Paredes y Carolina Rocha protagonizan 'Las suplicantes'

Las protagonistas y directora de 'Las suplicantes' explican su emoción de estar en Mérida

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Las Suplicantes en un minuto

Dossier de prensa: Festival de Mérida

Los extremeños hacen suyo el Festival de Mérida

Fuente: Región Digital

Beatriz Bravo / Fotografías: Diego Casillas

17 agosto 2021 | Publicado : 12:51 (17/08/2021) | Actualizado: 19:21 (18/08/2021)

La actriz debuta en el Teatro Romano emeriense con papel de Corifeo madre en ‘Las suplicantes’ y espera compartir con el público el dolor de su personaje

La popular actriz española María Garralón actúa por primera en el Festival de Teatro Clásico de Mérida con un papel que define como «desgarrador» en la obra ‘Las suplicantes’, una versión de Silvia Zarco sobre las obras homónimas de Eurípides y Esquilo, coproducida por el Festival y la productora extremeña Maribel Mesón.

Compartirá escenario con Carolina Rocha, Cándido Gómez, David Gutiérrez, Eduardo Cervera, Valentín Paredes, Rubén Lanchazo y Javier Herrera, en quienes dice haber visto una gran pasión por el teatro.

Cabe señalar que, Las suplicantes será el último montaje de la 67 Edición del Festival de Mérida con cinco funciones del 18 al 22 de agosto.

Esta es la primera vez que actúa en Mérida, ¿un sueño cumplido?

Es un sueño a todos los niveles porque nunca había venido, ni como espectadora ni trabajando. Hoy ya ensayamos aquí en el Teatro Romano y voy a sentir algo muy especial, supongo.

Me va a llenar de energía y a la vez voy a quedarme como sin aliento.

¿Por qué este escenario es tan deseado por los artistas?

Yo creo que porque tiene toda la historia encima y siempre ha sido como una especie de imagen que tienes en tu cabeza porque desde que empiezas en la interpretación te hablan tus mayores de ‘y si un día trabajas en el Festival de Mérida…’. Aunque ya pensaba que no se me iba a presentar la oportunidad.

¿Es ‘Las suplicantes’ una buena obra para estrenarse en este Festival de Mérida?

Es tremendo que hagamos una tragedia griega. Esquilo y Eurípides son unos autores que, a pesar de los siglos que han pasado, cuentan la historia de reivindicaciones y de injusticias de mujeres que a lo largo de la historia piden la libertad, querer amar a quien quieran…

Pero, me parece más alucinante todavía que ahora, tantos siglos después, sigamos pidiendo lo mismo. No hemos aprendido nada. El ser humano en el fondo no es tan listo.

Háblenos de su personaje en este montaje y cómo lo ha construido.

Yo soy la Corifeo madre, que es un como la portavoz del grupo de madres que quieren recuperar los cuerpos sin vida de sus hijos. Es un personaje absolutamente desgarrado, lleno de dolor y sufro muchísimo en la función. Es todo un sufrimiento para conseguir darle un beso a mi hijo.

En esa pelea, esa lucha, esa especie de intercambio con los hombres, que es verdad que nos ayudan, me desgasto mucho. Me desnudo ante la vida en público, ante el teatro, para pedir algo que es absolutamente justo. Y eso yo procuro hacerlo con toda la verdad posible que tengo.

¿Va a sufrir el público contigo?

Espero que sí. No me apetece nada la gente sufra pero van a compartir el dolor de todas estas mujeres. El texto es maravilloso y está muy claro lo que se quiere decir.

Es un sufrimiento pero que realmente está para quien corresponde. Es decir, es como un mensaje para los que pueden ayudar a que esto acabe.

Como mujer y quizá también como madre, ¿fue fácil meterse en la piel del Corifeo de las Madres?

Afortunadamente, no he tenido esos problemas pero es muy fácil meterse en la piel de cualquiera de las jóvenes huidas de Egipto o de las madres porque estamos todo el día oyéndolos y tenemos asumido en el corazón que esto está pasando. Es trasladarlo a otra época.

¿Por qué cree que contaron que le llamaron para esta obra?

Supongo que son de esas cosas que pasan por casualidad. La idea vino más bien de Maribel Mesón, que como productora tenía que hacer un elenco.

Imagino que surgiría mi nombre en algún momento y le pareció bien. Y yo encantada.

¿Cómo se ha sentido rodeada de actores extremeños para hacer ‘Las suplicantes’?

Divinamente. Hemos estado casi un mes ensayando en Guareña. Hemos pasado calor y los ensayos han sido durísimos, pero hemos aguantado bien. La gente ha sido realmente encantadora conmigo. Mis compañeros son un amor y una entrega al teatro.

Cuando llevas muchos años en este oficio a veces tienes esos bajones de pensar que esta profesión ya no es lo que era y te cansas de que las cosas no funcionan como tenían que funcionar.

Y de repente, encuentro una compañía con lo que me junto en un pueblo de Extremadura que muestra una gran pasión por el teatro. Siento como que renace otra vez la pasión que yo misma tengo por este oficio.

¿Conocía Extremadura y sus gentes?

He venido a trabajar en Badajoz, en Cáceres e incluso en Mérida cuando empezaba a actuar, pero no en el Teatro Romano. Pero nunca, me he parado más días de los que duraba la función.

Tengo muchos compañeros extremeños y de alguna manera sabes cómo es la gente, pero de verdad sois muy amables.

Eres una actriz con muchas tablas pero sobre todo recordamos su papel de Julia en la serie ‘Verano Azul’. ¿Qué recuerdos tiene de esa serie?

No quiero olvidarlo y aunque quisiera no podría porque constantemente me lo recuerdan. Tengo recuerdos muy bonitos, yo era muy joven, era un proyecto maravilloso. Fue entrañable.

Nunca pensamos que 40 años después íbamos a estar halando de aquellos. Pero así ha sido y estoy muy agradecida y orgullosa de haberlo hecho.

La mentalidad, los hábitos, la forma de relacionarse o de divertirse son algunas cosas que han cambiado en este país en todos estos años pero, ¿hay algo de aquel ‘Verano Azul’ que le produzca nostalgia?

Las cosas han cambiado en la forma de hacerlas. Pero lo que es la base, los sentimientos, eso sigue igual. Se expresan de otra manera pero todo lo que hablábamos en la serie está de actualidad aunque dicho con otras palabras o expresándolo de otra forma. Las bases de la vida y los sentimientos no cambian.

Su paso por Farmacia de Guardia, y por Compañeros, también dejó huella en su carrera. ¿Qué le han aportado a su esos trabajos?

Lo he pasado muy bien en estas series. Estoy muy contenta de haberlo hecho y que me dieran la oportunidad. Noto el cariño de la gente en la calle y eso es muy bonito.

Cuando trabajamos y hacemos personajes que llegan tanto a la gente recibimos todo ese cariño de la forma más cotidiana que te puedes imaginar. Y eso es un privilegio.

¿Y en el terreno del teatro se siente igual de cómoda y querida?

El teatro ha sido la base de todo mi trabajo. He hecho mucha televisión y en este formato me siento como en mi casa, pero el teatro es el directo y nunca sale la misma función.

Los públicos son distintos, nunca te das por vencido con el personaje que estás haciendo y siempre quieres sacarle más. El teatro es una pelea contigo mismo para que ese personaje crezca.

Se le ha visto siempre jovial, como una mujer alegre y protectora, ¿es así en su parte privada?

Yo creo que sí, aunque lo de jovial se me va pasando (risas…). También es verdad que he estado siempre rodeada de gente muy joven, mis hijos son muy jovencitos, mis amigos también, y también he trabajado con gente joven. Esa suerte he tenido, porque algo se pega.

Una actriz con una trayectoria tan importante como la suya, ¿cómo vivió los primeros meses de pandemia cuando el teatro, como todo en el planeta, tuvo que parar?

Ha sido tremendo, inesperado. Yo pensaba que mi generación se iba a librar de una guerra. Pues mira, no. Lo he vivido con la angustia de no saber qué pasa, de no saber qué es lo que es, y con cierta soledad porque mis hijos, mi familia ni mis amigos podían venir a verme.

Ahora, tenemos que seguir cuidándonos y protegiendo unos a otros. Ha sido duro hasta que hemos visto luces en el camino, gracias a los científicos y la gente que nos ha cuidado en los hospitales. Ahora vamos saliendo adelante, los que podemos, porque hay mucha gente que se ha quedado en el camino.

¿Y cuáles fueron sus sensaciones cuando empezó a resurgir de nuevo el teatro con salas abiertas?

Al principio con miedo. Yo estaba haciendo entonces otra función, ‘Háblame’, e íbamos viendo cómo se iba cerrando todo y no se podía hacer nada. Ahí influía el miedo, pues de repente cerraban una ciudad o un pueblo.

Lo que sí noté es muchas ganas de la gente por salir de sus casas, que iban a las salas como afrontando el miedo.

¿Nota que se esté recuperando el sector? ¿Percibe ganas de teatro en el público?

Fíjate aquí en Mérida, el Festival de Teatro Clásico está siendo un éxito de gente que ha venido a ver las funciones con ilusión y con ganas. Respetando todo lo que hay que respetar.

Si es que no cuesta tanto, es respetar las cuatro cosas que tenemos que hacer y así se pueden hacer mil cosas.

Hablábamos de este sueño cumplido que supone Mérida en su carrera. Después de subirse al Teatro Romano, ¿qué otro hito le queda por conseguir?

Espera que salga de esto; luego ya veré. De momento estoy absolutamente centrada en esta obra.

‘Las suplicantes’ va a poner el broche final a las 67 edición del Festival de Mérida y llega después de un gran ‘Edipo’, ¿supone más responsabilidad, más nervios?

Eso no lo quiero pensar. Yo los nervios ya los llevo puestos. Lo que vamos a hacer nosotros es otra historia, otra forma de contar las cosas.

Yo lo que quiero es que el Festival en general, de la primera a la última función, sea sido un éxito y que la gente siga confiando. Yo creo que la gente aquí confía mucho.

He notado que la gente extremeña hace como suyo el Festival y lo quieren y lo protegen. Espero no defraudar y que les guste.

Y por último, ¿qué le gustaría que recordáramos de su paso por este festival?

Me gustaría que se recordara como un bonito trabajo que hice con mucho cariño y con toda la verdad posible que pueda yo tener.

Festival de Mérida: Diario de Extremadura (Olga Ayuso)

Garralón lamenta que la lucha de las suplicantes siga vigente

Fuente: Efeminista + MSN

EFE | Mérida – 19 agosto, 2021

La actriz María Garralón (Madrid, 1953), representa al Corifeo de las Madres en “Las Suplicantes”, en el Teatro Romano de Mérida que debuta con la última obra de la 67 edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida.

En entrevista con Efe, la actriz, lamenta la vigencia de una obra escrita hace miles de años sobre la lucha de las mujeres porque supone que “sigue siendo hoy en día un tema pendiente“.

María Garralón defiende que “los griegos, una vez más, hicieron de videntes de una sociedad que todavía no entiende que mujeres y hombres deben ser iguales“.

Las suplicantes

Asegura que con “Las suplicantes” el espectador se enfrentará “a un dolor que desgarra” y le llevará a pedir justicia por cosas que deberían ser normales, “por lo poco que cuesta ponerse en el lugar del que lucha por sus derechos”.

Como ocurría la semana pasada, ha señalado, con la representación de “Edipo”, donde se lanzaba un ultimátum medioambiental al mundo coincidiendo con los incendios que arrasaban el Mediterráneo, “Las Suplicantes” coinciden con la vuelta del régimen talibán a Afganistán y las consecuencias para las mujeres afganas.

Ante la pregunta de si esta obra puede llegar a ser una oportunidad para que los hombres puedan redimirse y reconciliarse con esas mujeres, que desde hace miles de años suplican y luchan por sus derechos, afirma que “es una cuestión de voluntad y educación” y ve en ellos unos “aliados”.

Teatro, una herramienta para la reflexión

La inolvidable Julia de “Verano Azul” ve en el teatro una herramienta para que la gente tome conciencia y combata el origen de estos problemas, aunque también admite que tiempo ha, “el mundo del espectáculo suspendía en cuanto a feminismo se refiere”, pero “ahora nos hemos hartado y por ello este tipo de obras son necesarias para el propio teatro“.

En cuanto al momento que vive la profesión, asegura que no es bueno, ya que “el mundo del espectáculo no es muy agradecido para con los profesionales más longevos” y “hay un gran número de artistas que se están enfrentando a situaciones verdaderamente dramáticas”.

“Aunque parecía que después de la pandemia todos nos íbamos a ayudar, quizás sea algo pronto para decirlo”, asegura María Garralón, que añade que su experiencia le dice que esto no va a suceder, ya que parece que “seguimos siendo más egoístas si cabe“.

María Garralón se siente agradecida

No obstante, ella se siente afortunada por esta oportunidad y que, después de media vida siendo actriz, pueda saborear la ocasión con el nerviosismo agridulce que caracteriza a las primeras veces.

María Garralón explica que en “Las Suplicantes” el público podrá ver a un grupo de mujeres pidiendo justicia humana, que exigen a los poderes que encabezan los hombres poder disponer de sus vidas para ser mujeres libres “y algo tan sencillo como enterrar a sus hijos y poder así darles un último beso”.

La empatía en el teatro

La actriz madrileña confiesa que la empatía que siente por este grupo de mujeres le hace un poco “doloroso” encarnar este papel, ya que le hace recordar a las madres que siguen buscando a esos familiares desaparecidos y que no tienen un descanso justo.

“Parece que ese derecho es fácil de entender pero hay los que se empeñan en que no sea así”, asevera.

Por ello, a los que afirman que exigir justicia es “remover el pasado de forma innecesaria”, Garralón les asegura que no es tan difícil ponerse en la piel del otro, siendo esto solamente una cuestión de voluntad humana.

Festival de Mérida: Diario de Extremadura (Olga Ayuso)

Huesos en las cunetas, matrimonios forzados
19·08·21 | 07:00

Esquilo los llama «hombres de lengua libre», a los que acompañan a las mujeres y las asisten y las acogen e interceden por ellas. Hombres de lengua libre que son padres, por ejemplo: se habla de la paternidad en esta obra. Dánao es el padre de las danaides, a las que se quiere obligar a casarse con sus primos, los hijos de su hermano Egipto. En la obra original son 50, este hombre no hacía otra cosa que procrear, pero en la obra que vamos a ver ahora son once. Once mujeres, once hombres que van a por ellas, dos reyes benevolentes y un dios al que pedir.

La dramaturgia es de Silvia Zarco, que va colocando las palabras y los sonidos exactos, la ese cuando es una ese y hay que salivar, tejiendo una trama para contar la historia de ‘Las suplicantes’: de todas las suplicantes. Y nos cuentan: «La súplica formaba parte de los rituales religiosos griegos y seguía un procedimiento conocido por todos. Cualquier persona podía dirigirse en actitud suplicante hacia quien consideraba con mayor poder, solicitando su protección. Por su condición de suplicante, esa persona contaba con el favor de Zeus, que castigaba severamente a quienes mostraban indiferencia ante el dolor y la indefensión ajena. Para subrayar la naturaleza sagrada de la súplica, ésta se formulaba junto a un altar. Los suplicantes acudían a él llevando en la mano unos ramos de olivo o laurel atados con hilos de lana. Constituían estos ramos un símbolo sagrado de inviolabilidad y permanecían sobre el altar hasta que la petición se satisfacía».

Las danaides dicen, en boca de Esquilo: «que los hombres perezcan antes de apoderarse de las hijas de un tío y subir, a pesar de la ley que lo prohíbe, en tálamos que los rechazan».

Llegan a Argos y piden asilo al rey, que consulta con su pueblo si concede asilo. El asilo era tan importante que Zeus se encolerizaría si no se les procuraba cobijo a las danaides y quién quiere enojar a un dios. Pero, como siempre en las tragedias (en las tragedias no hay salida posible: ocurra lo que ocurra, siempre habrá horror y muertes y miedo). la elección no es fácil: si se las expulsa, habrá rayos, truenos y centellas. Si se las deja asilarse en tierra, habrá una guerra porque los de Egipto vendrán a por ellas. Lo cuenta Silvia Zarco así en la obra: «¡No puedo ayudaros sin causar daño! Y, sin embargo, abrazar a quien suplica es mi deber como ser humano. ¿Qué debo hacer? ¿Acoger a estas suplicantes, poniendo en peligro a mi ciudad? No… No puedo… ¿O entregar su carne temblorosa esperando el castigo de Zeus? No debo… ¿dónde quedaría entonces mi dignidad? El miedo muerde mis entrañas. ¡No sé qué hacer!».

Este es el planteamiento de la obra de Esquilo. En Eurípides no hay una huida. La expedición contra Tebas ha fracasado (nos vamos a ‘Los siete contra Tebas’), los tebanos han salido victoriosos y, para condenar a las almas de sus enemigos a vagar por toda la eternidad, rehúsan permitir el entierro de los cuerpos de los argivos. En Argos, que es el mismo lugar al que arriban las suplicantes que huyen de Egipto, permanecen las madres de los soldados muertos. Marchan a Atenas, jóvenes y madres, porque solo Teseo puede mediar entre Argos y Tebas para recuperar los cuerpos.

«Ya no soy madre», se dice en la obra, y nos detuvimos: «Ya no soy madre».

Salió María Garralón a escena y miré a los compañeros: «Dios, qué buena es esta mujer». Sí, estamos en los ensayos: podemos hablar. Como alguien hable en la obra o saque el móvil lo reviento, pero en los ensayos hablamos mucho (entre las escenas, ojo): «No entra el sonido», «Entra bajo», «Qué bonito esto», «No me convence» y todas las gamas de crítica teatral a vuelapluma que se puedan ustedes imaginar. Sale María Garralón interpretando al corifeo de las madres y llena el teatro de amargura, de desesperación y de dolor.

Las refugiadas las ayudan.

Es la primera obra de Eva Romero y Silvia Zarco para el Festival de Teatro de Mérida, aunque la labor que ha hecho Silvia estos años en el teatro romano ha sido más que ingente. Cuánto adolescente hoy adulto le debe el amor a las letras a esa mujer. Y qué concepción del hecho teatral tan hermosa tiene Eva Romero. Lo sé bien: hemos hablado de teatro muchas veces.

La semana pasada habláblamos de incendios con Edipo mientras varios continentes ardían y esta semana, con Afganistán (uno de los países con más minas enterradas en el suelo del mundo) en las noticias, hablamos de mujeres, derecho a los cuerpos y muertos. La comunidad internacional se ha apoyado en criminales de guerra, explica Gervasio Sánchez, el multipremiado fotoperiodista. La actitud de Estados Unidos y Europa ha fortalecido a los talibanes. Y escribe: «Un prisionero talibán les dijo a sus captores estadounidenses hace unos años: ‘Vosotros tenéis el reloj, pero nosotros somos los dueños del tiempo’. Hoy avanzan mientras Estados Unidos hace la maleta. Qué vergüenza de comunidad internacional. COBARDES».

María Garralón se refería a «la tristeza de pensar que estamos de actualidad».

A veces, la prevalencia de los clásicos es desgarradora

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Quiero arrancarme del suelo (Mi Extremadura)

…quiero arrancarme del suelo
Texto y fotografías de: Diego J. Casillas Torres


Esta obra habla de tragedias, pero no de odio. Hay mucho amor, y mucha luz.

Eva Romero, directora de la obra y Silvia Zarco quisieron buscar historias de cuidados, de responsabilidad colectiva, de derechos humanos, de despedidas dignas… Y fue así como dieron con sendas obras de igual título y diferentes autores griegos, Esquilo y Eurípides. Además, para mayor compromiso social, en ambas obras predominaba el papel de la mujer, bien fuesen abuelas, madres, hijas o hermanas.

Con todo ello, el texto de Silvia Zarco vio la luz envuelto en la defensa de derechos muy básicos y cada vez más vulnerados como el de asilo, el derecho al propio cuerpo o a la despedida de los muertos.

Un texto comprometido, de gran actualidad. Ni siquiera podían imaginar que su estreno fuese a coincidir con una gran tragedia humanitaria en la que la mujer es protagonista muy destacada, como es el acceso de los Talibanes al poder en Afganistan. Tampoco imaginaron que coincidiría con el día en que Lorca fue asesinado y ocultado también durante décadas mientras sus familiares reclamaban su cuerpo.

Al hilo de reclamar cuerpos de hijos-hermanos-padres-abuelos trágicamente desaparecidos, no puedo evitar acordarme de lugares como El Cementerio de los Alemanes, en Yuste, o el de los Italianos, en Campillo de Llerena, ni de las tapias de los cementerios, las cunetas de muchas carreteras y tantos lugares donde reposan probablemente en una postura absurda y de manera también absurda los cuerpos de muchos hijos que nunca más pudieron abrazar sus madres, padres, herman@s…

La obra cuenta música compuesta por Eugenio Simoes, persona de extraordinaria sensibilidad ganada para la causa desde el primer momento en que le propusieron el proyecto. Simones, con sus acordes, ayuda a que el corazón aflore en esta historia. Según él, el problema es que se pretende hacer desaparecer la palabra “empatía” y todo lo que conlleva.

El reparto está compuesto por Carolina Rocha, Cándido Gómez (que no nos tiene acostumbrados a papeles dramáticos pero que lo borda), David Gutiérrez (increíble actor, amigo y enorme persona), Eduardo Cervera, María Garralón (recuerdo de la infancia de muchos de mi generación), Valentín Paredes, Rubén Lanchazo y Javier Herrera (dos corazones con piernas que pululan por los escenarios extremeños.

Al cante, un lujo llamado Celia Romero que con su voz y el flamenco fusiona súplica y quejido.

Hay un Coro de Danaides, precioso y cargado de sentimiento, compuesto por Laura Moreira, Nuria Cuadrado, Pilar Brinquete, Gema Ortiz Iglesias, responsable de la coreografía del montaje, María Valero, Ruth Frutos, Maribel Lozano, Nieves Gonzálvez, Silvia Gómez y María Cendrero.

Por su parte, el otro coro, el Coro de Madres, resulta trágico y sobrecogedor, necesario para conducir la historia con las voces y la presencia de Beli Cienfuegos, Elena Lucas, Raquel Bravo, María Victoria Cerrato, Maria Eugenia González y Manola Tejada. Los coros han contado con la asesoría coral de Alonso Gómez, Director del Coro Amadeus.

Roberto Monago y Victor Pulido son los niños que nos mostrarán la parte más inocente de cualquier drama humanitario.

Y un tercer Coro, el Coro Amadeus-IN, ilustra con canto y gran sensibilidad la música de Simoes para transmitir la esperanza. Participan, además, la Escuela Municipal de teatro de Guareña y la Asociación Párodos de Talarrubias.

Eva Romero cuenta con la ayuda en la dirección de Pedro Forero, impecable en sus acciones. La escenografía está diseñada por Elisa Sanz con gran acierto ya que consigue aprovechar la práctica totalidad del frente escénico del romano, gran reto. Podemos decir que otro protagonista es la iluminación, firmada por Rubén Camacho, precisa, ajustada al espacio y las escenas, también a la inmensidad de un escenario como el del Teatro Romano de Mérida. El diseño del vestuario es de Pepa Casado, y la ejecución de Luisi Penco y Lali Moreno. También es de Pepa Casado la caracterización con la ayuda de Isabel Martín y Gema Galán. El sonido lo firma Adolfo Sánchez Mesón.

Las suplicantes es una Coproducción de Maribel Mesón y el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida.

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