• Feliz navidad (2025)

    Hola a todos, espero que estéis bien, que los problemas que hayáis podido tener se estén solucionando o que ya lo hayáis logrado.

    De este año, que os puedo decir, para mí a nivel profesional ha sido muy bonito, en lo personal me imagino que como a todos, con cosas buenas y con cosas regulares. Intentando cuidar la salud, que es lo más importante.

    Y de lo que es ajeno a mi y a mi entorno, pues la verdad es que no me gusta mucho como está el mundo.

    Pero estamos en Navidad y yo lo que quiero es que estéis bien, que tengáis sueños por cumplir y que la buena salud os acompañe.

    Ya es invierno, y como a mí me gusta decir, es el mejor momento para abrazarnos y darnos el calor que todos necesitamos.

    Disfrutad de las fiestas!!!

    FELIZ NAVIDAD!!! 

  • «Ya le he cogido el tranquillo a los clásicos, pero me hacen sufrir mucho» (19 julio 2025)

    Enlace: La opinión de Murcia | Enrique Soler

     La veterana intérprete regresa hoy a la Semana de Teatro de Caravaca con ‘Ifigenia’, una obra de Silvia Zarco que, en la fusión de tres tragedias griegas, invita a reflexionar sobre la violencia y la mujer. Ella interpreta a Hécuba, reina de Troya

    Hoy llega hasta la Semana de Teatro de Caravaca ‘Ifigenia’, una obra basada en tres tragedias clásicas griegas que invita a reflexionar sobre la violencia y la mujer.

    La de Ifigenia fue la primera muerte violenta de una mujer en la literatura occidental. Agamenón, su padre y jefe del ejército griego, sentenció y clavó como una bandera a la raíz de la violencia contra niñas y mujeres en el origen de nuestra civilización. Siguiendo ese rastro de sangre que dejó Ifigenia llegamos hasta el sacrificio de Políxena, princesa troyana, y el hallazgo nos incendia la rabia en la garganta: la Guerra de Troya terminaba como empezó, inundando el mar de sangre virgen.

    Con Ifigenia se traza un mapa desde el kilómetro cero de la violencia contra las mujeres hasta el regreso a casa del ejército perpetrador victorioso. Una obra de nueva creación, tejida a partir de tres tragedias clásicas, por las que transita la épica de la victoria griega en la Guerra de Troya: Ifigenia en Aúlide, Hécuba y Agamenón. Una obra que versa sobre el altísimo coste que tuvieron que pagar las mujeres para que los hombres alcanzaran la gloria. Con un reparto de lujo que cuenta con Juanjo Artero interpretando a Agamenón y la siempre eterna y genial María Garralón como Hécuba. Con esta última charlamos.

    Hablamos de una obra teatral basada en textos homónimos de Eurípides y Esquilo, poetas trágicos griegos. Una historia que, por desgracia, 2.500 años después sigue estando en vigor.

    Es por eso que debemos seguir haciendo estas obras, porque como puedes ver en la cultura griega ya aparecían estos casos y estas situaciones de violencia. Cuando decimos lo de: «Eso ya lo dijeron o hicieron los griegos» es porque su legado casi siempre encierra una gran verdad. Lo triste es que todo esto que gritamos desde el escenario está ocurriendo ahora mismo de forma impune…

    Interpreta a Hécuba, una madre dura y sufridora que lo acaba perdiendo todo y que busca hacer su propia justicia.

    A Hécuba, que fue reina de Troya, le mataron a todos sus hijos, incluso al más pequeñito, que era un bebé cuando lo entregó a Poliméstor para que lo cuidara durante la guerra. Le quitaron el país, mataron a su marido, a sus hijos y al pequeño lo arrastró el agua del mar hasta la orilla. ¿Qué hace una madre en un momento de tanta desesperación? La historia siempre las ha culpado de salvajes y asesinas. Hécuba lo que hizo fue buscar justicia como madre donde no hubo justicia ni humana ni divina.

    Cuenta con el guión de Silvia Zarco, ¿qué tal ha sido trabajar con ella y qué impronta y personalidad ha querido darle a la obra?

    Silvia es un portento, una cabeza privilegiada, sobre todo en el mundo grecorromano; tiene desde el principio la historia metida en la cabeza. He trabajado con ella antes y cuando hace estas fusiones, como la de Eurípides y Esquilo, lo que está haciendo es fundir la antigüedad en una obra potente y certera en la idea que quiere ofrecer al espectador. Es un placer decir las cosas que ella escribe.

    Y con un reparto excepcional en el que figura, entre otros, Juanjo Artero con el que ya ha coincidido y que en esta ocasión interpreta a Agamenón. ¿Qué tal el reencuentro?

    Hemos seguido en contacto y sabemos mucho el uno del otro. Coincidimos en una cosita pequeña, pero que nos hizo mucha ilusión a ambos. Fue en Servir y proteger, donde yo colaboré y él era uno de los protagonistas de la serie; quitando eso, no habíamos tenido la oportunidad de trabajar juntos, y menos en teatro. Así que estamos muy contentos de poder subirnos a las mismas tablas. Y el personaje de Juanjo es maravilloso; yo disfruto mucho viéndole actuar todos los días.

    También cuentan con un coro sensacional de actores extremeños.

    Menos Juanjo y yo, que somos de Madrid, y otros dos actores que son de Cádiz, los demás son todos de Extremadura, con la producción extremeña de Maribel Mesón, junto con el festival de Mérida y la dirección de Eva Romero, que para más señas es de Guareña. Son todos unos actores magníficos; con algunos de ellos ya había coincidido. Ahora que ya hemos estrenado y hemos pasado por varias ciudades, entre ellas Mérida, vamos más tranquilos. Somos una autentica piña en el escenario y sabemos lo que tenemos que hacer en cada momento.

    Con la intensidad que tiene Hécuba, su sufrimiento, ¿cuesta salir del papel cuando se baja del escenario, sobre todo viendo que cada día hay más casos de violencia?

    Me cuesta porque le trasmito mucha energía al personaje, toda la que tengo, sobre todo al respirar, cuando sientes el silencio. Hay momentos en los que el silencio del público nos estremece muchísimo, pero intento salir inmediatamente de los personajes, porque, si no, no podría vivir.

    También está el sufrimiento de todas las madres que, por cualquier motivo, han perdido un hijo. Una herida que nunca se cura.

    Nunca. Afortunadamente, aquí no tenemos guerras ni estas tragedias que vemos cada día por televisión, como en Gaza, Ucrania y en otros tantos países de los que no se habla. Normalmente los más perjudicados en estos conflictos son las mujeres, los niños y los ancianos. Y aquí… tenemos paz, pero casi todos conocemos a madres que han perdido a un hijo. Yo he tenido amigas a las que por desgracia les ha pasado y es algo que no se puede superar.

    En 2021 pasaba por Mérida con Las suplicantes y ahora repite de nuevo. Recuerdo que me comentaba que era algo que pensaba que no creía que le fuera a pasar…

    Pues mira, ya van tres veces, y estoy muy feliz por ello. El Teatro Romano de Mérida impresiona muchísimo, en ese escenario se crea una energía que es increíble. Pero estoy también muy contenta de que podamos ir haciendo esta obra también en muchos otros sitios, como Caravaca.

    Donde no es la primera que viene a hacer una obra.

    No. Pero es que me encanta la Semana de Teatro. Estuvimos con Las suplicantes y ahora repetimos con Ifigenia. Son momentos de la vida que yo estoy encantada de vivir. Al principio de mi carrera hice más clásicos, luego estuve mucho tiempo en televisión, pero lógicamente nunca he dejado el teatro, que fue donde empecé. Ya le he cogido el tranquillo a los clásicos, pero me hacen sufrir mucho… La tragedia griega es muy dura.

    Han pasado por Mérida, este sábado están Caravaca, pero es que la siguiente cita será el 25 y 26 de este mes en Roma, en el Festival de Teatro de Ostia Antica.

    Se trata de un ‘intercambio cultural’, por así decirlo, que está muy bien por el simple hecho de llevar la cultura de un sitio a otro; eso siempre enriquece a las personas. La compañía italiana viene a Mérida con Edipo y nosotros iremos a Ostia con este montaje. Además, vamos a pasar por muchos rincones de España y de Portugal. Y yo, muy feliz. Y si no fuera por el avión, mi felicidad sería completa [Ríe], pero nos hace mucha ilusión actuar en un sitio tan especial para los italianos.

  • El teatro es siempre es recuerdo (12 junio 2025)

    Fuente: Onda Cero

    María Garralón y Juanjo Artero presentan la obra ‘Ifigenia’.

    Nuestros humoristas, Goyo Jiménez, Agustín Jiménez y Borja Fernández nos acompañan en ‘La quinta hora’. Además, los actores María Garralón y Juanjo Artero presentan su obra «Ifigenia» que representarán en el Teatro Bellas Artes.

    VIDEO: ENLACE

    María Garralón y Juanjo Artero, dos actores consagrados dentro de su gremio, han venido a Más de uno para promocionar su obra ‘Ifigenia’, un drama griego que interpretan hasta este domingo en el Teatro Bellas Artes de Madrid. Garralón ejerce el papel de Agamenón, rey de Grecia, que es enfrene a Ecua, reina de Grecia en la piel de María Garralón.

    Esta obra la estrenaron por primera vez en un festival del Teatro Romano de Mérida, del que han salido para llegar a Madrid e incluso a otros países como Italia, donde actuarán el próximo mes de ññññ en la localiad de Ecua de conocidos entre otras cosas por sus papeles en Farmacia de Guardia y Verano Azul.

    Garralón señala como el drama de la obra de teatro es especialemnte impactante al darnos cuenta que es una realidad que sigue pasando y a lo que no se pone fin, en particular la culpa y la violencia que sufren de manera cotidiana las mujeres. También destaca la capacidad del teatro para narrar historias y mantener vivos los recuerdos «El teatro es siempre es recuerdo».

    ‘Ifigenia’ es obra a cargo de una compañía extremeña dirigida por Eva Romero, con Maribel Mesón en la producción y Silvia Zarco encargada de escribir las obras. Mientras tanto Goyo Jimenez y Borja Fernández han destapado las conexiones de Más de Uno con el caso Koldo, como desvela el último informe de la UCO y Agustín Jiménez ha tratado de solucionar su polémica con la Casa Real.

  • Adoro la serie y el personaje de Julia, pero me costó remontar (junio 2025)

    Inolvidable para varias generaciones gracias a series como Verano Azul, Farmacia de Guardia o Compañeros, la actriz repasa en esta entrevista su vida y su carrera con motivo de su participación en Ifigenia, que estrena en Madrid y también pasará este verano por el Festival de Mérida.

    Fuente: Vanityfair
    Por Álex Ander
    14 de junio de 2025

    Durante un rato de agosto de 2019, el rumor de que María Garralón (Madrid, 1953) había muerto se extendió por Internet como la pólvora. Así lo ponía en la entrada de la actriz en Wikipedia, que llegaba a aportar la causa del deceso: un infarto de miocardio sufrido a los 66 años. Pero era todo mentira. Y la propia protagonista aprovechó sus redes sociales para desmentir el bulo y comentar que maldita la gracia. Porque una cosa es no seguir ya en la primera línea mediática, como sucedía cuando estaba en series como Verano azul (que le catapultó a la fama), Farmacia de Guardia o Compañeros, y otra muy distinta es haber desaparecido del mapa. Y mucho menos espichar. De hecho, Garralón es de las que no tiene prisa en hacerlo. “He pasado un cáncer de mama, tuve dos carcinomas en la nariz, sufrí un ictus y tengo los huesos fatal. Oportunidades de morir he tenido, pero ya te digo yo que le voy a poner pegas. Aquí seguiremos mientras el cuerpo aguante”, comenta la actriz, que estos días pisa las tablas del madrileño Teatro Bellas Artes para representar Ifigenia, una obra de nueva creación de Eva Romero (dirección) y Silvia Zarco (texto) elaborada a partir de tres tragedias clásicas por las que transita la épica de la victoria griega en la Guerra de Troya.

    En este montaje, usted es Hécuba, una mujer que fue reina y también esclava.
    Hécuba era reina de Troya y, tras la guerra, los griegos la hacen esclava. Es un personaje al que no sé si la historia ha entendido muy bien. A ella le matan a sus hijos. Normalmente uno piensa ‘¿cómo puede reaccionar el ser humano ante un hecho así?’. Uno siempre piensa cómo reaccionaría si le sucediera tal cosa o la otra. Esta es una obra que los griegos escribieron hace miles de años y que, sin embargo, refleja cosas que siguen pasando ahora. Habla de la culpa que han tenido las mujeres toda la vida y que siempre ha estado escondida, porque realmente el poder lo tenían los hombres. Cuando las madres (en este caso) cobran su deuda, la venganza se hace patente, ¿no? Siempre se ha dicho que las mujeres eran las malas, que ellas se cargaron la historia, y nosotros aquí contamos por qué motivo llegan a hacer lo que hacen.

    La obra sitúa la raíz de la violencia contra las mujeres en el origen de nuestra civilización. ¿Se ha avanzado tanto como parece?
    Ya ves todo lo que está pasando ahora con el tema de las guerras, cuántas mujeres y niños mueren… Para poder interpretar este papel me basta con ver el telediario de la tarde y ya puedo salir a hacer la función motivadísima. Lo que digo en el escenario lo puedo ver de algún modo en las caras de todas esas madres que aparecen llevando a sus hijos muertos en brazos.

    ¿Mataría usted por un hijo?
    Soy bastante pacífica, aunque una siempre se pregunta qué haría si le llegan a hacer algo así a un hijo suyo. Creo que no mataría, porque pienso que no sería capaz de quitarle la vida a nadie, pero tampoco me quedaría quieta. Puede que suene muy frívolo, pero seguramente cogería a esa persona y le daría una paliza, le daría patadas, le preguntaría cientos de veces ‘¿por qué?’. Es que no hay razón para hacer a alguien todas estas cosas.

    ¿Ha atesorado muchos rencores en su vida?
    No, de verdad que no. Gracias a Dios no soy nada rencorosa. Conozco a mucha gente que sí lo es y que en el fondo lo pasa muy mal. Se lo hacen pasar mal a los demás, pero también lo pasan mal ellas. El rencor me parece algo terrible, es como una enfermedad. Es un sufrimiento, de verdad. Se ve que ese día no fui a clase [risas].

    Lleva más de cinco décadas en escenarios y platós. ¿Qué le motiva a seguir trabajando?
    Eso mismo me pregunto yo cada día. Pienso ‘¿qué necesidad tienes tú de meterte en esto, con lo a gusto que estás en casa?’. No sé, supongo que esto es lo que he hecho toda la vida, me gusta mucho y tampoco sé hacer otra cosa. Además, me gusta hacer sentir al público. Ahora llevo una temporada en la que me está tocando mucho hacer sufrir a la gente, pero también me encanta hacer reír. Y además me parece que una cosa es tan importante como la otra.

    ¿Se toma la profesión con más calma desde que tuvo esos problemas de salud que mencionaba hace un momento?
    Sí, sí, obviamente ahora me planteo las cosas de otra manera. Cuando te pasa algo así, te cambian las prioridades. Le das prioridad a cosas que a lo mejor tenías ahí un poco abandonadas.

    ¿Como por ejemplo?
    Pues mira, a estar en mi casa, por ejemplo, que es algo que disfruto muchísimo. También a saber decir que no a algunas cosas. Siempre fui bastante tímida y me costaba mucho decir ciertas cosas, pero ahora que ya me he hecho mayor siento menos vergüenza y digo ‘no’ a lo que no me merece la pena. Ahora mismo lo que pretendo es hacer solo cosas que me ilusionen. Antes tenía que hacer ciertas cosas porque me ilusionaban y gustaban pero también porque tenía que trabajar, pues tenía dos hijos y necesitaba seguir trabajando constantemente. Ahora no, ya solo quiero hacer cosas que me aporten felicidad, bien delante de una cámara, bien encima de un escenario.

    De joven empezó a estudiar la carrera de Turismo y la dejó para matricularse en la de Arte Dramático. ¿Hubo mucho drama en casa?
    La verdad es que se lo tomaron mal, sobre todo mi padre. A mi madre le gustaban mucho todas estas cosas, pero mi padre sí que lo llevó fatal. Tenían miedo, pensaban que esta era una profesión en la que tu vida iba a terminar chunga.

    Se reputaba todavía indecente.
    Sí, sí. Y mi familia era gente normal y corriente, ninguno de ellos se había dedicado nunca a esto. No había por tanto ningún referente. Ni un hermano, ni un primo, ni un tío… nada de nada. De pascuas a ramos, mis padres iban al teatro a ver algún espectáculo de revista, pero poco más. Era todo muy difícil para ellos, y yo lo entiendo. Mi padre, al que yo quería muchísimo, me echó incluso de casa. Menos mal que mi madre luego decía ‘¡sube a casa otra vez, anda!’ y me hacía volver.

    Ni por esas lograron quitarle la idea de la cabeza
    No. Yo le dije ‘me voy a dedicar a esto’, lo tenía muy claro. Un día le dije a mi padre ‘que sepas que me voy a dedicar a esto hasta que me muera, quieras tú o no’. Luego, pasado ya un tiempo, él reaccionó, vino un día a mi camerino y dijo ‘de acuerdo, hasta que te mueras’. Y ya nunca más hubo un problema de este tipo en mi casa. Al revés. Pero los comienzos sí fueron duros.

    ¿En qué momento de su vida estaba cuando le ofrecieron un papel en Verano Azul?
    En ese momento había hecho muy poquita televisión y en teatro había hecho el meritoriaje, precisamente aquí en el Bellas Artes, y alguna cosa más. Tampoco había hecho grandes cosas. Recuerdo que estaba haciendo La venganza de la Petra en el Teatro de la Comedia y el director me fue a ver allí. Decidieron que yo podía formar parte de la terna que Televisión Española pedía para hacer el personaje, y así fue como conseguí el papel.

    ¿Por qué le costó tanto volver a trabajar después de encarnar a Julia?
    Porque antes las cosas no eran como ahora. Hoy me encanta ver a compañeros y compañeras muy jóvenes que terminan una serie y enseguida empiezan otra. Al verlo pensaba ‘¡qué maravilla!’. El problema era que a mí entonces me llamaban para algo de teatro o para cualquier otra historia y siempre había un pero, porque ‘es que es la chica de Verano azul’. Eso sí fue un lastre que no te puedes ni imaginar. Adoro Verano azul y el personaje de Julia, pero reconozco que entonces me costó remontar. Fíjate que, después de cuarenta y tantos años, todavía sigo siendo Julia en la calle. Y eso que hoy podría ser ya la abuela de Julia. Pero es que entonces solo había una cadena y te veían muchos millones de personas.

    Realmente fue todo un fenómeno aquello. ¿No llegó a perder el norte en esa época?
    ¿Sabes qué pasa? Yo en mi casa era yo. Después de Verano azul, ni mi madre, ni mi hermana, ni mis hermanos cambiaron conmigo. Nunca fue como ‘Uy, ahí viene tal’. Si mi madre necesitaba hacer la compra me despertaba, sin importarle que me hubiese acostado tarde la noche anterior por trabajo o que en ese momento fueran las ocho de la mañana, y me mandaba a comprar. Ellos nunca entendieron que a mí se me tuviera que tratar de ninguna otra forma, ni yo tampoco lo pretendí jamás.

    Algunos compañeros suelen decir que la tele les brindó fama y dinero y el teatro, prestigio. ¿Lo suscribe?
    Sí, yo creo que es así. En Antena 3, por ejemplo, pasé doce años trabajando sin parar. Hice Farmacia de guardia, Menudo es mi padre y Compañeros, y claro que el cargo compensa divinamente. En el teatro nunca vas a conseguir eso. El teatro es mucho más sufrido y laborioso, porque entre otras cosas tienes que mantener el personaje constantemente, y no está igual de bien pagado. He hecho mucha televisión y además es algo que me encanta, porque me siento como en casa. Es una suerte que te den personajes fijos. Otra cosa son los personajes episódicos, donde ya no tiene nada que ver lo que ganas. De todas formas, todo ha cambiado mucho. La profesión, en general, está muy mal. Ya no se paga lo que se pagaba antes y además hay mucha gente sin trabajo. Hay un 80% de paro y siento un gran dolor en las entrañas al ver a tantos amigos pasándolo mal. Hay gente que le ha dedicado toda su vida al teatro, el cine y la televisión y que ahora, de mayores, lo están pasando mal.

    El cine apenas lo ha catado. ¿A qué lo achaca?
    A que no me han llegado muchas cosas, y que lo que me llegaba no era tampoco de mi estilo. He hecho muy pocas películas. Igual es que tampoco he entendido ese mundo o no me he sabido mover en él. De todas formas, antes no era tan fácil acceder al mundo del cine. Por un lado estaban los actores de cine y, por otro, los de teatro y televisión. Había una especie de ley no escrita que decía que no debían mezclarse. Parecía que los de teatro y televisión éramos los hermanos pequeños y que los grandiosos eran los de cine. Luego las cosas cambiaron y los de cine, que ya no trabajaban tanto, dijeron ‘pues esto de la televisión está muy bien’. Es como que se unificó la cosa y todos podíamos hacer ya de todo.

    Con su marido [el también actor Enrique Rambal] se casó cuando ya era una actriz bien popular. ¿Alguna vez hubo rivalidad o celos profesionales entre ustedes?
    Desde luego yo procuré que no pasara nada. La ruptura de nuestro matrimonio se debió a otras causas, también muy normales. Él vivía en México, aunque sus padres eran españoles. Don Enrique Rambal, que fue toda una institución, se llevaba a la compañía a América y en esa compañía viajaban los hijos, que también eran actores. Mi suegro y mi suegra, que se habían enamorado, se casaron y se fueron allí a trabajar. Ella estaba embarazada cuando viajó en aquel barco con destino a América. En México tuvieron tal éxito con El mártir del Calvario que decidieron quedarse allí. Por eso nació Enrique allí. Después ellos se separaron y se vinieron a España. Fue entonces cuando conocí a Enrique. Él se fue luego a probar fortuna allí, se casó, tuvo una hija y, pasado el tiempo, regresó. Como yo era una especie de novia eterna de Enrique, nos terminamos casando y tuvimos juntos dos hijos. Dos hijos que son mis dos joyas. Aunque luego nos separamos, nos seguimos llevando muy bien. Mis hijos son dos buenos chicos y se merecen que sus padres estén a la altura.

    ¿Y diría que ha sido más feliz soltera que casada?
    Es que yo soy una persona bastante feliz [risas]. A ver, también me han pasado muchas cosas muy tristes, como el fallecimiento de mi hermana, que es algo que se quedó clavado en mi corazón. Pero creo que sé aprovechar los momentos en que una es feliz. Sobre todo porque, tal y como está la vida, tampoco es que esos momentos se den mucho. Siempre tiene problemas una, o los tienen mis hijos, o mis sobrinos o mis amigos, a los que quiero muchísimo. Pero bueno, ese ratito de ‘qué bien que estamos juntos, vamos a brindar por la vida’ es maravilloso. Yo me quedo con eso.

  • «Ifigenia» vuelve al Festival de Mérida

    «Ifigenia » de Silvia Zarco vuelve al Teatro Romano en el 71º Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, los días 15 y 16 de julio 2025.

    Del 11 al 15 de junio Teatro Bellas Artes de Madrid. (entradas)

    8 de julio , en Peñíscola en el Festival de Teatro Clásico de Peñíscola (entradas)
    9 de julio, en Irún (Gipuzkoa) en el Festival Romano Dies Oiassonis (entradas)
    15 y 16 de julio en el Festival de teatro clásico de Mérida (entradas)
    19 de julio en el Ayuntamiento de Caravaca de la Cruz (Murcia) (entradas)
    25 y 26 de julio: Festival de Teatro de Ostia Antica (Roma) (entradas)
    2 de agosto Teatro Romano de Regina de Casas de Reina – Badajoz (entradas)
    11 de octubre en la provincia de Almería
    21 de noviembre en la comunidad de Madrid
    22 de noviembre en la provincia de Valladolid

    Os esperamos!!!