• Siempre he presumido que Madrid es como la ONU (Marzo 2015)

    La actriz recibe a EL DISTRITO y representa hasta el 29 de marzo ‘La pechuga de la sardina’ en el Teatro Valle-Inclán

    Entra con un abrigo largo de color negro y gafas de sol, puntual a la cita se presenta María Ángeles Garralón Pérez de Mendiguren, un nombre que no cabría en el DNI de nadie, por eso todos la conocen por María Garralón (Madrid, 1953). En una semana exactamente cumple ‘taitantos’ años y no es porque se quite edad, sino porque tampoco le gusta presumir de ella. Se sienta y pide un café con leche, estamos en el restaurante Portomarín, justo frente del Teatro Valle-Inclán donde se representa ‘La pechuga de la sardina’ hasta el 29 de marzo, una obra de la que la actriz madrileña forma parte del elenco que completan: Manuel Brun, Marta Calvó, Jesús Cisneros, Victor Elías, Nuria Herrero, Marisol Membrillo, Cristina Palomo, Amparo Pamplona, Natalia Sánchez, Juan Carlos Talavera y Alejandra Torray.

    María ha tenido rachas de trabajo que ella tilda de “maravillosas” y aunque ahora confiese que le cuesta mucho más, le ha llegado este proyecto del Centro Dramático Nacional, que califica de “milagro”, porque argumenta que “me encanta la obra y sobre todo mi personaje”. Ella encarna a Juana, la dueña de una pensión, en el Madrid de los años 60, en la que se recrea las historia de unas mujeres, cada una con su mundo. Una joven embarazada, suponía un gran problema familiar entonces, que decide tirar hacia adelante, la que sufre malos tratos y quien decide no ser víctima de los hombres, otra que se siente perdida por los años y no encuentra la estabilidad que quiere, entre otras. Todas estas historias confluyen en escena y Juana es el personaje fuerte, “el que decide seguir viviendo a pesar de que la vida le ha dado unos palos tremendos”, explica la intérprete.

    El Teatro Goya de Madrid acogió el 8 de junio de 1963 el estreno de ‘La pechuga de la sardina’ escrita por Lauro Olmo. Este autor tuvo tanto éxito el año anterior con ‘La camisa’, que esta obra costumbrista de los años 60 no tuvo tanta repercusión. El director Manuel Canseco la ha retomado ahora dándole un giro de 180 grados para hacerla más rápida. Su hija, Paloma Canseco, ha diseñado una escenografía diferente a la de entonces, que estaba dividida en dos plantas, ahora es el rectángulo de la Sala Francisco Nieva, donde se puede ver no solo la pensión, sino también la calle y todo lo que sucede alrededor. María punta que Manuel “lo tenía todo claro y pudo hilar bien este retazo de vida triste y gris, lo que había en Madrid y España en general”, algo que a los 12 intérpretes no les resultó difícil de entender.

    La esperanza de Lauro Olmo

    María vivía desde pequeña en Argüelles y el autor de la obra, Lauro Olmo, fue vecino suyo. El 11 de febrero de 1972 se produjo uno de los desahucios más sonados de la capital, ‘El Corte Inglés’ quería adquirir unos terrenos, en el que fuera el barrio de Pozas, para construir un centro comercial, “Olmo se negó a salir de su casa, montó mucho lio y lo escuchaba”, recuerda María. Lauro resistió durante un año en aquel terreno rodeado por ruinas y delimitado por las calles Princesa, Serrano Jover y Alberto Aguilera. Tras la entrada de ‘los grises’ se vio obligado a abandonar el lugar con su mujer y sus dos hijos de 9 y 12 años. En ‘La pechuga de la sardina’, “cualquiera de los personajes puede transmitir esperanza”, apunta María, algo que a la vista está que Lauro Olmo no perdió en su vida y lo extrapola a su obra.

    Le pega un sorbo al café y casi se quema, “lo ponen caliente”, comenta María y razón no le falta. Durante la conversación una señora pasa por nuestro lado, la observa, sonríe y la actriz no se percata. De hecho, la intérprete se considera “bastante tímida”, pero ha aprendido con los años “a tirar para adelante como mi personaje Juana”. Lo de las fotos lo tiene más superado, la duda viene en saber responder a lo que le pregunta la gente. De hecho mañana, 19 de marzo, tienen un encuentro con el público en ‘La pechuga de la sardina’, algo que afronta con normalidad como lo hizo en el Teatro Fernán Gómez al representar ‘El Hotelito’ (2013). María acepta las críticas y nos confiesa que en ocasiones se siente abrumada, “me da mucha vergüenza cuando me dicen cosas bonitas, me pongo colorada”.

    Trabajos “míticos” con Mercero

    María dejó su carrera de Turismo para dedicarse a la Interpretación. En la Escuela había un director artístico que se ofreció a darle clases de teatro y ella no dudó. Después se apuntó a su grupo de teatro y se presentó a las pruebas de acceso de Escuela de Arte Dramático. Posteriormente pudo entrar en la compañía de teatro de José Tamayo en la que estaba Concha Velasco, «quien me presentó a todo el mundo prácticamente como si fuera de su familia, entonces Tamayo no tuvo duda en darme la carta”, declara  la actriz, una misiva que le sirvió para obtener el carnet de meritoria y poder ejercer así la profesión.

    A nivel familiar, María lo tuvo más complicado, expone que “mi padre lo llevó muy mal hasta que me dio el visto bueno, luego estuvo siempre muy orgulloso pero los primeros años fueron bastante duros”. Esto le sirvió para ser más pertinaz si cabe y llegarían sus primeras apariciones en televisión, entre ellas ‘Los Pajaritos’ (1974) en la que se hablaba de la contaminación en Madrid. “Cambian las cosas pero no te creas que tanto, vivo en Arroyomolinos y bajo en coche veo casi siempre una nube extraña y me pregunto ¿me vuelvo o me meto ahí?”, alude así la actriz a la polución que se padece en la actualidad.

    Al año siguiente, haría de Encarnita en la serie ‘Este señor de negro’ y muchos papeles más. Aunque sin duda el gran público le recuerda por Julia de ‘Verano Azul’ (1981). “La serie a nivel personal me ha dado alegrías y profesional me quitó en su momento trabajo, pero soy muy insistente”, indica la actriz. A principios de los 90 fue para todos María de la Encarnación, aquella policía municipal que acompañaba a Romerales (Cesáreo Estébanez), “son de las cosas que mejor me lo he pasado en mi vida con Cesáreo y yo fuimos inseparables, cinco años maravillosos”, que rememora la actriz con una sonrisa.

    Todos los trabajos antes expuestos fueron dirigidos por Antonio Mercero “y parece que solo he trabajado con él”, señala María, que reconoce que todo lo que ha hecho con él “son cosas míticas y he tenido la suerte de estar ahí”.  Del 96 al 98 hizo de Rosi, esposa de Antonio (Miguel Rellán) en ‘Menudo es mi padre’ y ‘Compañeros’ del 98 al 2002, donde interpretaba a Rocío, la madre de Valle (Eva Santolaria) y Lolo (Daniel Retuerta), algo que se le da bien porque tiene dos hijos. En estas dos últimas series coincidió con “grandes profesionales” y durante siete años con Miguel Rellán en el que ve “a un hermano”. 12 años sin parar de trabajar en Antena 3 y ahora regresa a Atresmedia con ‘El incidente’, una serie de misterio y terror en la que María encarna a una ciega y no se puede decir más porque está pendiente de estrenar.

    Escuela de arte dramático durante cinco años

    María recibe en el Valle-Inclán la visita de muchos compañeros y ella también acude a verlos, como es el caso de Miguel con el monólogo ‘Novecento’ o Beatriz Carvajal en ‘A vueltas con la vida’ con quien también ha coincidido en televisión y teatro ‘Las chicas del calendario’ (2013). “Me siento orgullosa de lo bien que están los dos, trabajos completamente distintos y maravillosos” describe la actriz. Ella aún piensa en hacer un monólogo, se declina por la tragicomedia que es donde se siente mejor, aunque siempre ha tenido una vis cómica.

    María tiene un amplio bagaje sobre las tablas con 16 obras a sus espaldas, aunque su auténtica escuela de arte dramático le vino de la mano de Pepe Rubio con ‘Enseñar a un sinverguenza’ (1975), quien tenía una semana para encontrar protagonista para su obra para estrenarla en el Teatro Fígaro. Tras verla en televisión se lo comentó a un amigo suyo casualmente conocía a María Ángeles Garralón, su nombre artístico entonces. “Todo en mi vida ha sido un cúmulo de casualidades, le dio mi teléfono y me llamó para ofrecerme este trabajo”. Durante cinco años recorrió España como la protagonista de la obra, Rosana, con la que pudo descubrir la reacción del público en las diferentes partes de la geografía nacional.

    Pepe Rubio estuvo 16 años seguidos representando esa obra en la que hacía del caradura de Lorenzo. Tanto él como Antonio Ferrandis con Chanquete en ‘Verano Azul’ fueron en cierta medida absorbidos por sus personajes. María trabajó con ambos y pone en valor los anteriores trabajos de Pepe con Tamayo, por su parte “Antonio había hecho cosas maravillosas como ‘El Rinoceronte’ (1961) en el Teatro María Guerrero, el Óscar con ‘Volver a Empezar‘ (1981) y lo de Chanquete llevaba bien o mal dependiendo del día”, manifiesta María, que deja claro que en su caso “el que me quiera llamar Julia que lo haga, no me arrepiento de haber hecho ‘Verano azul’”.

    “Madrileña de pura cepa”

    María también ha tenido su hueco en la gran pantalla, entre sus películas destaca ‘El soldadito español‘ (1988), de Antonio Giménez-Rico y ‘El chocolate del loro‘ (2004), de Ernesto Martín. El 27 de marzo estrenará en los Cines Palafox un film religioso ‘La espina de Dios’ en el que, como no, hace de Virgen María. La cinta narra una historia real y cotidiana de los tres últimos años de la vida de Jesucristo desde un punto de vista más humano. De hecho “la primera aparición que tengo es para regañarle para que venga a casa porque no puedo más con las tareas de la casa”, adelanta la actriz.

    María Garralón ha nacido en Argüelles y ha vivido gran parte de su vida en Colmenar Viejo y actualmente en Arroyomolinos. «Siempre he presumido que Madrid es como la ONU, todo el mundo venía y se quedaba, estaba de buen humor y eso se ha perdido”, afirma. En este sentido, observa a la gente ahora “que no sonríe tanto y es normal porque no hay trabajo. Vienen de fuera y parece que no están contentos, antes todos tenían su espacio y ahora no lo encuentran”. Ese hueco lo ha sabido encontrar María en la interpretación, por eso recomienda a los actores y actrices que empiezan que “esto es un oficio y carrera de fondo, si llega un éxito con 20 años tu vida no va a ser un frenesí”, afirma con rotundidad, porque ella misma en ocasiones se ha visto abocada a renunciar a cosas como una seguridad económica. Y si algo tiene claro María Garralón, «una madrileña de pura cepa”, como ella se define, es que tiene muchas tablas tanto en el teatro como en la vida para afrontar lo que le venga encima.

    Fuente: El Distrito
    © Alejandro Melgares de Aguilar

  • Si puedo elegir, voy de vacaciones a Nerja (Oct. 2013)

    […]

    Nuestra sospechosa de hoy era ella, Julia. María Garralón. Supongo que cuando lea esto pensará «otra vez» e incluso «qué hartura». Jo, es que Julia de Verano azul fue mucho. Y también supongo que aquel éxito la devoró un poquito como dicen que sucede cuando ganas un Goya o un Oscar, que más que pan bajo el brazo, llevan consigo una penitencia o una maldición.

    Por eso me ha encantado la respuesta de que siempre que puede va a Nerja de vacaciones. Qué concesión a la nostalgia tan bonito. A mí Nerja, de pequeño, me parecía el paraíso. Lo veía en la tele y pensaba «no hay sitio más chulo en el mundo. Nerjaaaaa». Era mi Rosebud de ‘Ciudadano Kane’ pero en infantil. Porque además fantaseaba con que si iba a Nerja de vacas me encontraría con Julia. Porque estaba un poco enamorado de ella. Bueno, tal y como se enamoran los niños o como yo me pudiera enamorar rollo Capitán Brando. Me parecía divina. Y sí, tenía obsesión con la serie y con ella.

    Me molaba aunque entonces se dijera me flipaba. Y durante mucho tiempo la buscaba en la tele y siempre la encontraba. Tanto la serie como a ella. Debieran contratarla ya no sólo como actriz tierna donde las haya, sino también como fetiche de buena suerte porque allí donde ella sale salta la bomba de las audiencias. Hace nada, con el Hotelito en el Fernán Gómez consiguieron un arranque de temporada estupenda y ahora en el microteatro, la tía arrasa. Da buen rollo. No os digo más que acordarme de su pelo rubio sobre el barco Chanquete y su guitarra me sirvió para que me cambiara el karma, y yo soy muy chacra oclusivo.

    Pero es que aquello sí que era un verano. Y sin necesidad de los diamantes de Tiffanys y quien dice diamantes dice cualquier bolso y/o chaqueta de colección que me quitan la vida. Al final, pese a mis devaneos con el qué me pongo cada mañana, voy a ser más sencillito de Holly Goligthly. Viene bien recordar de donde procedes. Del bocata de frankfurt y la fanta mientras ves la tele en cangrejeras. Gracias María por hacerme tan feliz entonces.

    ¿Muslo o pechuga?

    Muslo.

    ¿Lava a mano o a máquina?

    A máquina.

    ¿Cómo recibe en casa?

    Divinamente.

    Su popularidad aumenta de día en día, ¿es fruto de una sutil estrategia?

    No, es fruto de la normalidad.

    ¿Una diva nace o se hace?

    Pues no lo sé, no lo he sido nunca.

    ¿Siempre ha querido ser una estrella?

    No.

    ¿De todas sus facetas, actriz, modelo y cantante, cuál es la que más le gusta?

    Por eliminación, la de actriz.

    Le da mucho a su publico, ¿qué es lo que el público le da a usted?

    Mucho cariño.

    ¿Le afectan las malas críticas?

    Lo justo.

    ¿Recibe cartas amenazadoras de sus admiradores?

    Jamás.

    ¿Cuál es la mayor estupidez que se ha dicho de usted?

    Pues gracias a Dios no recuerdo ninguna.

    Matt Cimber estuvo casado con Jayne Mansfield. ¿Ve algún paralelismo entre su carrera y la suya?

    Pues no, bueno que soy rubia como ella.

    Una cara estupenda, un peinado estupendo. ¿Quién fue el peluquero? Quiero conocer la historia de su peinado

    Mi pelo tiene poca historia.

    ¿Su peor maquillaje?

    El de recién levantada.

    ¿Hace algún deporte para conservarse?

    No, a veces bailo.

    ¿Hay algo que no se compraría jamás?

    Sí, un animal exótico.

    ¿Sus piernas se parecen a las de Addy Ventura o a las de Rachel Welch?

    A las de mi madre, que también las tenía muy bonitas.

    ¿Se siente musa de los homosexuales?

    Musa no lo sé pero me quieren mucho.

    ¿Por qué los hombres realmente interesantes no resultan nunca sexys?

    Eso no es verdad, es cuestión de buscar la parte sexy.

    ¿A cuántos hombres ha olvidado?

    A ninguno.

    ¿Qué le pediría al ser amado?

    Que me quiera de verdad.

    ¿Qué es lo que más te chifla y lo que más te amuerma del amor?

    Lo que más, las mariposas en el estómago. Lo que menos, no tener nada que decirnos.

    ¿Cuándo conoció a su marido? Porque su marido es parte de tu historia.

    Muy joven, claro que es parte de mi historia, tengo dos hijos con él.

    ¿Hay más cosas que debería saber y que no sé?

    Seguramente.

    Siempre que me subo a un ascensor o me meto en una cabina telefónica, me entran unas ganas terribles de orinar, ¿a usted no le pasa?

    A mí lo que me entra es un agobio espantoso porque soy claustrofóbica.

    Dígame algo agradable

    Hace un día precioso, ¡disfrútalo!

    ¿Es creyente? A mi manera.

    ¿Cuánto personal tiene a su servicio? Ahora, a nadie.

    ¿Dónde va de vacaciones?

    No tengo sitio fijo pero si puedo elegir, Nerja.

    ¿Olga Guillot o Bryan Ferry?

    Cada uno en su momento.

    ¿Almendra cruda o tostada en la gallina en pepitoria?

    Siempre tostada.

    ¿Divine o Sara Montiel?

    Sara Montiel que es más de casa.

    ¿Excitantes o tranquilizantes?

    No necesito nada.

    ¿Considera que comer ostras es moral y comer caracoles inmoral?

    No, las dos cosas están riquísimas.

    ¿Qué tipo de mujer será dentro de 50 años?

    Ja ja ja, dentro de 50 años no sé lo que seré.

    ¿A quién le gustaría parecerse y sin embargo a quién acabará pareciéndose irremediablemente?

    Nunca he pensado en parecerme a alguien, pero indudablemente repito muchas cosas de mi madre.

    ¿Qué es lo que nunca le han preguntado y mataría por contestar?

    Prefiero la improvisación, cuando me preguntan contesto, y no mataría por nada.

    Fuente: Sospechosos Habituales
    © Luis Nemolato

  • Para mi, es como si no hubiese pasado el tiempo (Oct. 2011)

    Hace treinta años la Primera Cadena de TVE estrenaba en la sobremesa de los domingos Verano azul, una serie dirigida por Antonio Mercero que está instalada con honores en la memoria popular. En Nerja hoy se celebra el recuerdo a esa conmemoración y un homenaje a su fallecido protagonista, Antonio Ferrandis, Chanquete. María Garralón, aquella joven que interpretaba a Julia, ha estado muy cerca de la organización de este homenaje al encontrarse en la Costa del Sol grabando la serie que produce Linze para Canal Sur, Arrayán, en la que interpreta a Loreto.

    -Julia, la pintora, era una amable joven y al cabo de los años ha regresado a la provincia malagueña con un personaje bastante diferente, el de Loreto.

    -Loreto no tiene nada que verdad con Julia. Es una madre con muchos problemas y ya la irán descubriendo los espectadores.

    -Decía usted que ahora con Arrayán casi vive en el AVE.

    -Empecé en junio y son muchas horas grabando, pero también muchas otras preparando el papel. Vivo parte de la semana en Coín, pero en todo ese tiempo estoy casi concentrada en el trabajo.

    -Vuelve a estar cerca de los rincones de Nerja ¿Le molesta que le estén recordando Verano azul a cada momento?

    -Estoy acostumbrada. No me molesta. Fue un momento importante a nivel de trabajo y después me costó un poquito arrancar. Como era la chica que salía en Verano azul me ponían pegas para el trabajo, me marcó un poco, pero luego a nivel personal me ha dado muchas satisfacciones.

    -¿Cómo va a vivir los actos de hoy? ¿Estarán todos?

    -Siempre hemos disfrutado de las conmemoraciones de la serie. Yo he estado varias veces en Nerja, una población que amo profundamente y que tiene una energía especial. En el acto de hoy lo que está previsto es reunirnos en el Balcón de Europa y haremos un recorrido en carroza. El que quiera ir en bici, pues también. En el parque Verano Azul, donde está la réplica de La Dorada, habrá un homenaje a Antonio Ferrandis y también a Antonio Mercero, que estará ausente por su enfermedad.

    -Le costó arrancar después de Julia, pero en aquellos años no había tantas series como ahora.

    -Pero entonces había menos actores. Yo he hecho cine y mucho teatro. No me ha faltado trabajo y al cabo de 30 años, aquí sigo. Ferrandis dejó de ser Ferrandis y se convirtió en Chanquete para todo el mundo. La serie ‘se comía’ a los actores. Le pasó a Juan José Atero, que descubrió su vocación como actor, y le ha costado años tener su sitio. Yo he tenido crisis de identidad porque me han llegado a llamar «Julia la de Romerales» , mezclando con Farmacia de guardia.

    Verano azul se rodaba en cine y Farmacia de guardia, en vídeo. Dos series diferentes. Dos épocas. Dos formas de trabajo…

    Farmacia era casi de producción industrial. Como me sucede ahora. Hay que tener una salud de hierro para seguir el ritmo de Arrayán.

    -¿No le sacó partido a Julia en la publicidad?

    -Los actores españoles no somos ricos y la publicidad me compensó, poco, la falta de trabajo. Cuando ahora se emite Verano azul el rendimiento lo obtenemos, también poquito, a través del organismo AISGE.

    -¿Qué sensación tiene sobre Verano azul al cabo de treinta años de su estreno?

    -Lo veo todavía como muy cercano. Para mí es como si no hubiera pasado mucho tiempo. Todo el mundo además la recuerda. He tenido tantas experiencias personales tan gratas, cada día, que sólo tengo palabras de agradecimiento a los compañeros y a Mercero.

    -¿Mantiene el contacto con todos los actores?

    -Sí. Para mí es estupendo que Miguel Joven (Tito) sea embajador de Turismo de Nerja o que Miguel Ángel Valero (Piraña) sea un cerebrito catedrático. Desde pequeño se le veía el interés. Juanjo Atero y todos los demás, que han trabajado muchísimo…

    -Las repeticiones de Los Simpson multiplican por cinco o seis veces las que hubo de Verano azul ¿hemos sido injustos?

    -Es que sólo eran 19 capítulos y no los 300 que se repiten una y otra vez de otras series.

    -¿Por qué no se hizo la segunda parte anunciada hace tres años?

    -Sólo hay un Verano azul. Se iba hacer una secuela, donde yo iba a estar, pero no merecía la pena.

    Fuente: Diario de Sevilla
    Francisco A. Gallardo

  • Me costó encontrar trabajo después de Verano Azul (Sep. 2013)

    No se ha sentido nunca esclava del éxito de «Verano azul», ni está harta de que le pregunten siempre por aquella serie de Antonio Mercero que marcó una época, pero María Garralón reconoce sin ninguna acritud, porque eso no es lo suyo, que en su profesión a veces los éxitos no ayudan todo lo que la gente se imagina. Después de diecinueve capítulos dejó de ser Julia, aquella joven y solitaria pintora que se paseaba entre chanquetes y chavales, y le costó encontrar trabajo.

    –Sí, me costó volver a trabajar después de un éxito como «Verano azul». Puede sonar extraño, pero es así –me dice María–. Los productores, los directores, decían: uy, la van a identificar con Julia, está muy marcada. Hoy eso importa menos, incluso la fama de la tele lleva gente al teatro, pero entonces creían que nadie podía verte en otro personaje.

    –Lo que dicen de los premios: te dan un Goya y luego no trabajas…

    –Sí, eso decimos. Esta profesión es muy rara, pero yo la adoro con todas sus rarezas.

    –En fin, que «Verano azul» la marcó…

    –Sí, y me marcó para bien, porque personalmente me dio muchas satisfacciones. Por ejemplo, el cariño de la gente, que no es poca cosa.

    Luego llegaría «Farmacia de guardia», otra serie histórica, en la que dio vida a la agente municipal María de la Encarnación: «El sargento Romerales y yo empezamos como muy secundarios y la pareja fue ascendiendo; fueron cinco años muy bonitos junto a Cesáreo Estébanez». Más tarde, la serie con El Fary, «Compañeros», «El comisario»… María cree que la llaman o la llamaban mucho del medio «porque doy buena suerte: serie en la que trabajo, serie que funciona». Nunca se retiró, como se ha dicho: «Tuve un bache, eso sí. No me llamaban, pensaba que me habían olvidado; fue una época espantosa. Después de un éxito como »Compañeros», ¿cómo es posible que no me llamen para nada?, me preguntaba cada día. Y no tenía respuesta. Lo que decíamos del éxito…».

    –Y se deprimió…

    –No. Tengo dos hijos y eso me ha impedido siempre deprimirme.

    –Ha hecho poco cine…

    –Muy poco. Y me gustaría saber por qué. En la televisión y en el cine, ahora, buscan a la juventud: jóvenes haciendo cosas para jóvenes. Hubo un momento en el que se excluía a los mayores; parece que ya ha pasado, y si no, tendremos que esperar a que se pongan de moda las series del Imserso, como dice mi amigo Emiliano Redondo.

    Pero no se queja de nada: sabe que es inútil. Ante el espejo, hay días que se ve bien y otros que se dice: «¿Cómo vas, Garralón?». Tiene una mala salud de hierro. Lo peor de envejecer, para María, son los achaques, «pero yo me encuentro como una de 30 años; me rodea mucha gente joven, hijos, amigos de mis hijos, y me inyectan vitalidad. Además, no hablan del colesterol, de operaciones…». El único vicio que confiesa es el tabaco. Ahora protagoniza «El hotelito», de Antonio Gala, en el teatro Fernán Gómez de Madrid. Cada actriz es una comunidad, y a ella le ha tocado ser el País Vasco, «y no vea lo que me ha costado aprender todo lo que digo en vascuence».

    –¿Y se siente independiente?

    –Siempre he sido muy independiente. Mi madre me decía: «Hija, qué rica y qué mona eres, pero qué rebelde e independiente».

    –¿Qué recuerda con más nostalgia?

    –A los compañeros que se han ido: Antonio Ferrandis, Paco Valladares, Julia Trujillo… Últimamente nos pasamos la vida en tanatorios.

    –¿Achaques?

    –Me duelen los pies, pero pese a ser fumadora no toso demasiado…

    –Parte de los beneficios de «El hotelito» van a la Casa del Actor. No sé si le gustaría terminar ahí…

    –Ojalá la viera en pie. ¿Terminar ahí? Serían muy divertidas esas broncas cotidianas y estupendas con las compañeras.

    –Hábleme de su presente…

    –Tengo a mis hijos bien, y eso es lo principal. El trabajo no está como yo quisiera. Voy a hacer un experimento: me apunto al microteatro. Haré funciones en un pequeño habitáculo para diez o doce personas, seis pases diarios. Es la novedad, es lo que hay. Quiero probar, a ver qué pasa.

    –Todos pensarán que ha ganado lo suficiente para retirarse y vivir bien…

    –Lo pensarán, pero no es así para nada. Los parones, tan frecuentes en esta profesión, te comen lo poco que puedas ahorrar. Tengo que seguir trabajando; además, el escenario es mi vida.

    Prefiere no pensar en el futuro. «Me conformo con poco; bueno, al principio pido mucho y luego voy rebajando. Como todos, ¿no?».

    Fuente: LaRazon
    ©Amilibia

  • Los pajaritos (1973)

    Sinopsis: Escrita y dirigida por Antonio Mercero, Los Pajaritos, es la historia de dos viejecitos que luchan por defender la vida de dos pájaros, en un mundo contaminado y dominado por la polución. Toques de humor, un poco de ternura y cierto aire poético. Ganó dos premios en el Festival de tv de Montecarlo 1974.

    Personaje: Dependienta
    Cortometraje
    Dirección: Antonio Mercero
    RTVE A la carta

    Galería:

  • Manchas de sangre en un coche nuevo (1975)

    Sinopsis: Ricardo Caviedo, propietario de un taller de restauraciones artísticas, está casado con Eva, una bella mujer. Pero las relaciones del matrimonio son difíciles y, en realidad, sólo cubren las apariencias frente a la sociedad. Eva le regala a Ricardo un magnífico coche con motivo de su aniversario de boda. Ricardo, entusiasmado, sale a probarlo y se encuentra con un coche que acaba de sufrir un accidente.

    Personaje: Luci
    Largometraje
    Dirección: Antonio Mercero
    Video disponible en: RTVE

    Galería: