• La felicidad (2000)

    1. Definición: La felicidad que a mí me vale es la del día a día. Las pequeñas cosas son las que me hacen feliz porque, además, se convierten en grandes cosas.

    2. Destacar mejores momentos: Tengo miles. Uno de ellos me lo dio la profesión, pero también he disfrutado de momentos familiares entrañables.

    Fuente: El Mundo

  • La cultura es el alma de la gente (Dic. 2013)

    Risueña, sencilla y afectuosa. Más que hecha a la idea de que siempre la llamarán Julia por su papel en ‘Verano azul’. En la salud y en el teatro, defiende lo público

    Espectadora de bien, de joven solía sentarse en un banco de la madrileña Calle Princesa, cerca del piso en el que había nacido. “No era tan famosa, pero me ponía unas gafas oscuras. Me quedaba allí a ver qué cara llevaba la gente, si habían comprado muchas cosas, si estaban contentos o no”, cuenta María Garralón. Luego tocaba la tarima, de la que se bajaba por las noches; si su vecina la veía volver muy cansada, le ofrecía un plato de sopa en su casa. Son recuerdos que echa de menos. “Ahora, como te quedes sin sal, cenas soso”, comparte desde la risa.

    Ese teatro del aquí y ahora sigue reptando por la tripa de esta actriz de 60 años cuando tiene que salir ante el público. Sin embargo, le gustaría que la llamaran de vuelta a la televisión, un medio que siente como su hogar. “Estoy orgullosa de las cosas que estamos haciendo ahora porque son geniales”, anota sin escatimar alabanzas hacia El tiempo entre costuras, la última serie a la que se ha enganchado. Hay pocos obstáculos que paren sus pies y sus manos, con las que –muy a pesar de unos capataces de albañilería– retiró hace poco la valla del Teatro de la Comedia para conocer de primera mano cómo iban las obras. “A ver si lo acaban de una vez”, se lamenta.

    A ratos con la mirada atrás y otros con la vida por delante, la veterana actriz disfruta sorprendiéndose a sí misma. Después de toda una juventud rechazando quitarse la ropa ante el público, acabó dando el paso este año en Las chicas del calendario. “Me dijeron que no sería un desnudo de verdad porque disponía de una jarra y una taza para taparme, ¡pero la taza era muy pequeña y tenía que ser muy hábil!”, ríe. Solo una pizca de timidez en la naturalidad más acogedora: esa es la mezcla que rebosa aquella que dio vida a la atemporal Julia, la pintora de Verano azul.

    – Con lo que está de moda presumir de estrés, ¿cómo es que se ha venido a vivir al campo?
    – Soy más de asfalto, pero agradezco esta paz. Madrid, aunque es una ciudad preciosa, consigue llegar a ponerme nerviosa: entre la gente, las sirenas y demás, dan ganas de gritar hasta que todo el mundo se calle. También echo de menos cómo era antes: si te preguntaban por una calle y te venía bien, acompañabas a quien fuera. Ahora hay un clima de desconfianza que me entristece, como si todos tuviéramos miedo de todos.

    – ¿Qué cara se le quedó a los espectadores que la encontraron hace poco, de tú a tú, en el microteatro?
    – Colarme allí fue una experiencia entre maravillosa y surrealista. Solía ir a ver a mis amigos actuar en él y siempre pensé que era muy divertido, pero no muy adecuado para mí, porque tengo un poco de claustrofobia. Y sí, resultó agobiante a ratos, pero nunca digas de esta agua no beberé. Me gustó mucho la historia que me presentaron, Tribulaciones de un gigoló, y pensé que debía hacerla. Vi que era una tragicomedia donde pasaría de la risa al drama en segundos, y dije que sí: es el género que me más me gusta. Me lo pasé muy bien, es toda una experiencia actuar tan cerca del público.

    – También la hemos visto estos últimos años interpretando cortometrajes con autores noveles. ¿Disfruta de las pequeñas producciones?
    – La ilusión me hace ilusión. Disfruto viendo a la gente implicada con esto, entre otras cosas, porque mi hijo sueña con dirigir y hasta he trabajado con él. Me gusta que les vaya la vida en el corto. Yo hablo con los compañeros de mi quinta y siempre me desaniman diciendo que esto ya no es lo que era. Por eso procuro que la gente que empieza y tiene tantas ganas me estimule muchísimo; sobre todo, para no perder las mías.

    – ¿Ha desistido ya de que le dejen de preguntarle por la pintora Julia?
    – ¡Me llaman Julia por la calle y me vuelvo! Está claro que me quedo así. Después de Verano azul sí me preocupó, porque lo noté en el trabajo. Muchos directores temían que me relacionarían con la serie y los que sí me llamaban me proponían papeles opuestos a todo lo que yo era, sobre todo, para cargarse el mito de Julia: no tanto como hacer desnudos, pero casi. Dije que no, obviamente. Al final, acabé tirando poco a poco del teatro hasta que volví a la normalidad. Otra cosa es la gente. Ya puedo hacer de la reina de Portugal o de Frankenstein, que siempre seré Julia.

    – Y de Doña Inés, ¿queda algo por ahí?
    – ¡Ha pasado tanto tiempo! Mis hijos tenían la cinta del Don Juan y fui a recogerla hace poco, no fueran a andar utilizándola para reírse de mí… Además, quería volver a verla. Lo recuerdo con mucho cariño, entre otras cosas porque se llevó un montón de premios que yo no esperaba. TVE realizaba esos montajes como parte de un programa para la Unión Europea y salían cosas muy graciosas. Antonio Mercero era y es un genio.

    – ¿Encuentra algo en común entre todos los papeles para los que la reclaman?
    – Pues sí: aunque sean diferentes, en todos hay un toque de bondad. No me importa hacer de mala, y a veces me toca, pero siempre acaban aflojándome y dándome ese giro con el que me atribuyen un buen fondo.

    – ¿Está todavía por escribirse el personaje perfecto para usted?
    – Voy a pensar que sí.

    – ¿Cuál es la consecuencia de meterse, cada noche, dentro de tantos hogares?

    – Lo notas al día siguiente. Vas a la compra y te dicen “¡anda que ayer…!”, pero siempre lo he llevado con naturalidad. Mi vida personal es sencilla, la paso con mis hijos y mis amigos y me gusta lo que nos gusta a todos: el cine, la música, pasear y charlar. En el teatro sí siento el vértigo, cuando tengo una sala de mil butacas y estoy detrás del telón oyendo el murmullo al otro lado. En la tele lo intento hacer bien, que guste mi trabajo, pero es verdad que faltan esos nervios.

    – Cada vez hay menos series que apuesten por la comedia como lo hacía ‘Farmacia de guardia’. ¿Le llegó su hora a ficciones como esa?
    – Yo creo que son ciclos. De repente llega alguna producción de humor, se pone de moda y sacan una en cada canal, y así con las históricas y con todo. Cuando hice Compañeros había un montón de series de colegios y niños. La clave de esto son los guionistas y los escritores, que a veces escriben cosas maravillosas y alguien tiene la luz de invertir en ello. Luego están las guerras de las cadenas, pero desconozco esa política.

    – No solo la convocaron, hace poco, para el aniversario de ‘Verano azul’, sino que le tocó volver a visitar la botica de los Cano. ¿Le entra la nostalgia con estas cosas?
    – Mucho, porque yo tengo muy buenos recuerdos de todos mis trabajos. Se hacen muchas cosas en Nerja y basta que toquen una palmada para que vayamos allí corriendo, pero solemos ser siempre los mismos: el director y los actores. Cuando celebramos los 30 años de la serie llegó gente de todo el equipo técnico, que no había visto desde los rodajes, y no me lo podía creer. Fue muy bonito, como si no hubiera pasado el tiempo. Todo un “decíamos ayer”.

    – ¿Le salen maneras de madre cuando trabaja con actores mucho más jóvenes?
    – Dicen que soy un poco madre, ¡pero no lo pretendo! Sí creo que los más nuevos no se prestan tanto a aceptar consejos y me resulta raro, porque yo estaba encantada de aprender de los mayores. Miraba embobada cómo se movian, cómo se quedaban ante la cámara. En el teatro me acababa aprendiendo el papel de todas las veteranas. Hoy los actores se preparan de una manera más elaborada, eso es cierto, pero nosotros sabíamos escuchar y, sobre todo, hacíamos muchas giras. Ahora se hacen bolos, que no es lo mismo: nosotros nos íbamos al sur y nos despedíamos de nuestros padres, a los que no veíamos hasta que nos los cruzábamos de camino al norte.

    – Solía lamentar no haber hecho cine y ae llamaron, nada menos, para ‘La voz dormida’. ¿Se quitó por fin la espina?
    – Pues sí, porque, aunque mi papel era pequeño, admiro mucho a Benito Zambrano. Había hecho con él una prueba, pero era para un personaje mucho más escuálido que yo, así que no hubo manera. Cuando me llamó me hizo mucha ilusión, porque pensé que eso no iba a suceder nunca. Y yo encantada de trabajar siempre, sea un papel largo o corto.

    – ¿Qué hace cuando no suena el teléfono?
    – Si se lo preguntas a mis hijos, te dirán que más vale que suene, porque me suelo volver insoportable. Me pongo nerviosa y me encierro en casa: me da la sensación de que me han olvidado y me da pena. Intento ser optimista y pensar que algo habrá, ¡aunque me toque hacer de tía, de madre o de abuela! Un compañero me dijo en cierta ocasión que, cuando se pongan de moda las series de jubilados, allí nos iremos nosotros.

    – Aprovechando que estrenó ‘El hotelito’ en el Fernando Fernán-Gómez, mójese un poco. Los teatros, ¿públicos o privados?
    – Me parece una barbaridad lo que se están planteando hacer con las salas de Madrid. Las ciudades y los países deben tener su teatro nacional y sus teatros públicos, donde se hagan las obras y los grandes montajes, bien hechos, como corresponde desplegar en esos teatros. A mí, con lo de privatizar se me abren las carnes.

    – ¿Qué debemos aprender de situaciones como la que vivimos hoy, en la que se desmerece tanto nuestra industria cultural?
    – Lo que está sucediendo es tristísimo. Que no se otorgue a la cultura la importancia que tiene y se la esté tratando de esta manera es un flaco favor para los que vienen después de nosotros. Mi hermana trabaja en un hospital de Madrid, ¡público, por cierto!, y le digo: “cuídamelos del cuerpo, que del alma me encargo yo”. La cultura es el alma de la gente y nos la están quitando. Que te dé un vuelco el corazón por haber visto una escultura, un concierto o una pintura es magia, y no se pueden llevar eso. Porque, si no, ¿con qué nos quedamos? ¿Con el euro? Espero que quienes tengan esto en sus manos se lo piensen dos veces.

    Algo personal

    Un recuerdo que preferiría borrar: Cuando la gente que quiero se va
    Una victoria colgada en su pared: Mi día a día, la vida misma
    Una manía inofensiva: Fumar, pero que no se enteren los jóvenes
    Un piropo que no olvidará: Los relativos a mis ojos

    Fuente: Aisge
    © Fran Pastor | Madrid
    Fotografías: Ángela Romero

  • Nos agarramos al humor para seguir adelante (Feb. 2015)

    Se estrena en el Teatro Valle-Inclán La pechuga de la sardina, de Lauro Olmo, en la que la actriz interpreta a Juana, la dueña de una pensión de huéspedes en el Madrid de la posguerra

    María Garralón (Madrid, 1953) es una actriz veterana que ha dedicado su vida a la interpretación. Tras muchos años en las tablas y después de interpretar a diversos personajes tan conocidos como el de Julia en Verano azul y el de la policía municipal María en Farmacia de Guardia, ha pasado también por el cine en películas como Soldadito español o, más recientemente, Los años dirán y La espina de Dios. Ahora se sube al escenario del Teatro Valle-Inclán con La pechuga de la sardina, un texto de Lauro Olmo, dando vida a Juana, la dueña de una pensión de huéspedes en el Madrid de la posguerra, un momento histórico con una sociedad machista donde las mujeres estaban al margen. Se trata de un teatro social en el que Olmo critica la sociedad de su momento y, por ello, en la época en que fue estrenada no tuvo el éxito que se esperaba.

    Pregunta.- La pechuga de la sardina es el teatro social y realista de Lauro Olmo, uno de los dramaturgos más importantes de la posguerra. ¿Qué importancia tiene recuperar esta obra?
    Respuesta.- Es una parte de nuestra Historia muy importante porque, ya no tanto la posguerra, sino la secuela de todo aquello y es la historia de estas mujeres, cada una con su espíritu. La mujer que tira para adelante, que es luchadora que no se deja arrastrar por todo lo que le rodea. Porque la mujer está muy poco valorada pero hay personajes que no tienen ese espíritu tan fuerte y se sienten abatidas. Está la que quiere estudiar y ser independiente. Es un grupo de mujeres maltratadas por la época que les ha tocado vivir y se ve cómo sobreviven a ella.

    P.- En esta pieza los personajes femeninos son imprescindibles, con cada uno de ellos se define el conjunto de la atmósfera, tanto de los personajes, como el lugar y la época.
    R.- Sí. Existe el mundo de la pensión, que es donde están las mujeres, y el mundo de la calle. Es una realidad distinta. Realmente la mujer era nada, por así decirlo. Entonces el machismo imperaba.

    P.- Da vida a Juana, la dueña de la casa. ¿A qué se enfrenta Juana?
    R.- Juana se enfrenta a muchas cosas en su vida; a un matrimonio horrible y la pérdida de un hijo pero decide tirar hacia delante, tiene esa fuerza y quiere seguir e intenta comprender lo que pasa en su casa y con esas mujeres, cada una con su historia.

    P.- ¿Cuál ha sido la dificultad de representar este papel?
    R.- Para mí ha sido mezclar la dureza con la humanidad porque es una mujer dura pero la humanidad le puede así que se crea una mezcla de sentimientos un poco difícil. Realmente la vida se lo va poniendo en bandeja porque lo tiene en casa.

    P.- La pechuga de la sardina, al fin y al cabo, es un pedazo de la vida, del día a día.
    R.- No es una gran historia que empieza y termina sino un retazo de ese momento social que cuenta la historia de estas mujeres y su realidad.

    P.- Habla de machismo, de malos tratos en un momento histórico muy importante de España, cuando las mujeres estaban denostadas
    R.- Por desgracia sí. Es triste que siga pasando y por desgracia es verdad que ahora estamos viviendo esto, lo vemos todos los días. Pero la obra no se ha adaptado, está tal y como la escribió Lauro Olmo.

    P.- ¿Diríamos, pues, que Olmo llena de confianza a los personajes para poder avanzar en la Historia?
    R.- La esperanza existe en el personaje de Paloma, que es un poco la mujer que quiere estudiar y ser algo en la sociedad. Ella es la esperanza de todos. Lauro era una persona con las cosas muy claras y sobre todo muy ortodoxo y fiel a lo que estaba pasando y lo escribió. A cada personaje le da su punto pero sabemos que algunos personajes no van a salir de ahí. Son historias que no son paralelas. Viven un mismo momento pero cada historia tiene su principio y su trayectoria propia. El espectador se puede sentir identificado con cualquiera de los personajes, hay dureza y también humor. Gracias a Dios los españoles nos agarramos al humor para salir adelante. Te puedes reír porque es un lenguaje muy propio de Madrid y hay mucho chascarrillo. En realidad lo que van a ver y sentir es una historia pasada pero que por desgracia está de absoluta actualidad. No hay que olvidarse de la Historia.

    P.- Se ha avanzado mucho desde entonces pero aún hay mucho estigma
    R.- Hemos avanzado mucho, sobre todo las mujeres. Pero sí que hay ese punto que está ahí y es triste. Le corresponde al hombre aceptar que las cosas cambian.

    P.- Hablando del toque de humor de la obra, se ve un buen filón en la comedia.
    R.- Claro, ha pasado siempre. En todos los momentos de crisis que ha vivido el teatro en España, si ves lo que pasaba en la calle, se nota que llega un momento en el que se necesita reír y pasarlo bien, disfrutar de pequeñas cosas y no de las grandes. Hay que mirar hacia delante y ahora en nuestro país hay mucha gente pasándolo mal por diversos motivos y aunque el humor no lo soluciona te alegra el espíritu.

    P.- ¿Cuál sería el mensaje clave de La pechuga de la sardina?
    R.- El mensaje creo que es simplemente que se vea en un escenario lo que estaba pasando en la calle. Él que era un poco díscolo, que reivindicaba cosas, lo consiguió. La función en su momento no tuvo el éxito esperado porque había estrenado el año anterior La camisa que realmente triunfó. Pero en estos momentos, aparte de que la familia y los hijos han querido que su padre estuviera presente en este momento de la vida social, la función tiene otra lectura que puede gustar mucho.

    P.- ¿Cómo ha ido el trabajo en equipo con todo el elenco?
    R.- Estamos todos muy a gusto. Manuel Canseco ha peleado con todos los personajes uno a uno para mostrar lo que quería que se viera. Ha quedado muy bonito. El decorado también funciona muy bien con una iluminación preciosa y hay una canción de un texto de Olmo que canta Marisol Membrillo con una guitarra. Todo eso le da mucho sentimiento. La función te llega al alma. Esto es teatro, teatro, sin inventos, no va a haber muchas sorpresas, es teatro puro. Estamos todos felices. Hay que agradecer al CDN por escoger a Lauro Olmo para ser representado de nuevo.

    P.- Siempre se dice que el teatro es la hermana fea de la cultura pero nunca muere
    R.- Yo llevo muchos años trabajando en el teatro y siempre ha estado en crisis. Cuando empecé ya estaba en crisis pero sigue ahí. Creo que siempre va a estar porque es necesario. Mi hermana ha trabajado durante muchos años en sanidad y siempre le decía que les curara el cuerpo que del alma me encargaba yo. Es una necesidad, ya no solo cultural sino de relaciones, de salir a la calle, de cambiar de aires, de tu casa, trabajo, lo que pasa y meterte en un teatro y sentarte en una butaca donde te van a contar una historia divertida, o no, pero es una historia que han vivido otros y eso es importante. Si nos ponemos a otros niveles claro, ayudas tenemos muy pocas. Pero lo que viene siendo hacer teatro y que el público vaya eso sigue funcionando. Las cosas están difíciles para hacer producciones, salir de gira, etc. En ese sentido se está haciendo mucho daño. Además es absurdo pensar que algo que es un bien común se le esté poniendo tantas trabas. Sin cultura un país no es nada.

    Fuente
    © Saioa Camarzana

  • Aquel verano azul (Agosto 2011)

    ¿Se acuerdan? ‘Piraña’ y Julia protagonizaron las vacaciones idílicas de los niños de hace treinta años. ‘Verano azul’, la serie de Chanquete y compañía, llegó a reponerse hasta ocho veces. Sus protagonistas rescatan las anécdotas del rodaje en Nerja.

    Lleva dos horas sin fumar un pitillo, pero no se ha dado ni cuenta. María Garralón goza en este emotivo reencuentro que nos hace sentir a todos un poco mayores. Se cumplen treinta años de ‘Verano azul‘, la serie que nos enseñó que la fórmula de la felicidad es bien sencilla: un niño en pantalón corto y montado en bicicleta en una de estas benditas y doradas tardes de verano. En aquel 1981 ella no era ninguna niña, era una veinteañera que hacía de pintora en televisión. El niño era otro, Miguel Ángel Valero, hoy 40 años redondos, ingeniero, profesor de Universidad y padre de tres hijos. Miguel Ángel será en su casa, en la de todos sigue siendo ‘Piraña‘, el crío gordito y con pecas que por exigencias del guión se comió más bocatas de calamares de los que le apetecían.

    María Garralón (Madrid, 1953) y Miguel Ángel Valero (Madrid, 1970), Julia y ‘Piraña‘ para los televidentes, rememoran aquel eterno e inolvidable verano en Nerja, el pueblo malagueño al que todavía peregrinan los fieles de la serie para fotografiarse con ‘La Dorada’, el barco de Chanquete.

    Allí se instalaron el equipo de rodaje y los actores casi año y medio para grabar 19 episodios. Aquellas aventuras han sido las de los niños de media España, porque ¿quién no se acuerda?. A petición de V, Valero y Garralón vuelven a ver juntos el primer capítulo. Habría sido bonito reunir a todos -entre ellos mantienen aún el contacto y María enseña una foto que le mandó al móvil ‘Tito’ con su hija-, pero están repartidos entre Málaga y Madrid.

    María se encuentra con Miguel Ángel y le besa como si fuese todavía aquel chiquillo de diez años. Arranca la melodía -silben, silben- y viajan a Nerja en el tiempo, treinta años… Entonces la tecnología era la que era y grabar un episodio exigía tres semanas de trabajo -hoy se tarda la mitad-: «Las escenas con las bicicletas eran cuesta abajo porque se rodaba con sonido en directo y para que se escucharan las conversaciones tenía que ir un coche delante con la cámara y el micrófono, pero en punto muerto para que no se colara el ruido del motor», recuerda divertida María Garralón.

    ¡Anda que no había hecho papeles!, pero ninguno le quitó el sueño como aquel. «Yo no sabía andar en bici, así que estuve entrenando unos días antes». Fue escuchar el ‘se rueda’ y cruzarse los más pequeños por delante. Acabó estrellándose contra las tomateras, que las había a montones por el pueblo.

    Por allí rondaba cuando no le vigilaban ‘Tito’ (Miguel Ángel Joven), el más pequeño de la cuadrilla, ocho años aquel verano. «Un día desapareció y nos empezamos a preocupar. Lo encontramos camino de su casa, con una buena indigestión porque había estado comiendo un montón de tomates mientras esperaba su escena».

    ‘Tito’ era vecino de Nerja y antes de dar con aquel chiquillo resabiado, que se convirtió en actor de la noche a la mañana, probaron con otros dos. Pero ninguno le convencía a Antonio Mercero, director y alma de ‘Verano azul‘, que entonces se acordó de ese chaval rubio tan ‘salao’, el hijo del tipo del chiringuito. Ya habían encontrado un amiguito a ‘Piraña‘.

    La noche y el día. «A este (Miguel Ángel) te lo comías a besos, llegaba a rodar cada mañana y decía: ‘buenos días, ¿cómo estáis?’, era muy educadito, pero ‘Tito’ era más arisco. Si rodaba él una escena nos tenía a los demás como velas, no se podía mover ni san Pedro, pero en tus secuencias hacía todo lo posible para distraerte y que se te fuera la letra». Así que el chiquillo se llevó más de una reprimenda. ‘Piraña‘, no. Ni chistaba y si había que repetir mil veces la escena del bocata se repetía, aunque el pobre estuviera a punto de reventar y achicharrado. «Yo era muy blanco y como tenía michelines acababa a rayas rojas y blancas. Un señor venía siempre detrás de mí con una sombrilla, como si fuera una estrella de Hollywood».

    Sentado en su despacho de la Universidad Politécnica de Madrid, donde imparte clases, cuenta Miguel Ángel Valero con alivio que sus alumnos no habían nacido cuando él era una estrella de la tele: «Pero al finalizar el curso me tengo que hacer fotos con sus padres».

    Se ha hecho una cuantas. Una de las últimas, con Marc Gasol. «Estaba en Cádiz con la familia y nos alojamos en el mismo hotel que la selección española de baloncesto. Estábamos cargando las maletas en el coche y ellos volvían de entrenar. Entonces salió un señor del hotel y me dijo: ‘Si no le importa, a Marc Gasol le gustaría hacerse una foto con usted’. Y mi hijo de siete años esperando a ver si podía fotografiarse con Ricky Rubio…».

    Miguel Ángel no niega una foto, pero hubo un tiempo en que era una lata. «Iba camino del cine con mis padres y siempre llegaba tarde porque aparecía algún bienintencionado con una libreta y hasta que no firmabas en la pasta de cartón no te soltaba». Claro que luego los niños le invitaban a palomitas y en los restaurantes le daban dos filetes. Le conocían aquí… Y allá. «Un amigo periodista estuvo cubriendo la guerra en Sarajevo y contaba que lo primero que identificaban de España allí era ‘Verano azul‘».
    En nuestro país se ha emitido ocho veces (en TVE y autonómicas) y seis en Portugal. También la han visto en Argelia, Croacia, Checoslovaquia, Bulgaria, Polonia -«allí quitaban las escenas donde se veía el crucifijo detrás del alcalde»-, Francia, Angola y Latinoamérica.

    Firma junto a la Reina

    Pero de todos los abrazos que se han ganado, de todas las felicitaciones… dos muy especiales, las de los niños víctimas de atentados de ETA a los que, de alguna manera, procuraron un poco de consuelo. En 1982, en pleno auge de la serie, María Garralón estaba haciendo un bolo en San Sebastián y leyó en el periódico que a Alberto Muñagorri, el chaval de diez años herido por una bomba de ETA, lo que más le gustaba ver en la tele era ‘Verano azul‘. Y fue a visitarle. Nueve años después de aquello, la banda terrorista destrozaba otra infancia, la de Irene Villa (12 años). «Mi abuela estaba ingresada en el mismo hospital que Irene y mi madre me dijo: ‘¿Por qué no te acercas a verla?’. Le conté batallitas y me pidieron que firmara en el libro de honor… ¡al lado de la Reina!», recuerda Valero.

    Ya fuera del hospital, la madre de Alberto Muñagorri contaba a los periodistas cómo ha sido la vuelta a casa. «Normal, esperando a ver el capítulo de ‘Verano azul‘», el de la despedida de Chanquete. María Garralón recuerda la escena y se vuelve a emocionar: «’Tito’ empezó a llorar al mirarme». La muerte de Chanquete resultó un drama colectivo, pero una liberación para su protagonista, Antonio Ferrandis, actorazo curtido en mil escenarios que llegó a maldecir la fama que le acarreó el viejo pescador. Porque el público adoraba a Chanquete, pero a Ferrandis apenas le contrataban después de aquello: «Estaba hasta la gorra», dice María. A ella también le costó deshacerse de su papel… «Ahora me llaman ‘Julia Romerales’» (por ‘Farmacia de guardia’). Pero aún así se vuelve: «¿Cómo no? La serie me ha dado muchas alegrías, quizá no profesionales, pero sí personales». Y anécdotas como para escribir un libro. Pero va siendo hora de salir a fumar un cigarro…

    Fuente: DiaroVasco
    YOLANDA VEIGA

  • A rebosar con María Garralón (Mayo 2017)

    ¿Quién no ha estado alguna vez enganchado a alguna serie? De pequeño los dibujos y la televisión eran mi mejor menester. Me encantaba leer la programación de los periódicos e informarme que tocaba cada día… que si por la noche Médico de familia, al día siguiente Manos a la obra, que si por la tarde Farmacia de guardia… En aquel momento organizarme con las tareas escolares y mis series de televisión era misión complicada, sobre todo si en casa la apuesta era otra opción y claro… ahí yo tenía todas las de perder. Por esa razón salí en televisión con ocho años, entrevistado por navidades, pidiendo una televisión y un reproductor de video para los reyes magos, y no para ver más películas de las necesarias, sino para grabar todas estas series que no podía terminar de ver porque me mandaban a la cama.

    Hoy tengo la suerte de grabar no uno de esos episodios, sino unos relatos de alguien que estaba presente en esos momentos de mi vida, os hablo de la actriz María Garralón. María para mí fue Julia en “Verano Azul”, María de la Encarnación en “Farmacia de Guardia”, Rocío en “Compañeros”… pero sobre todo una actriz que iluminó con su carisma las pantallas de todos los hogares de España y no soló de la televisión, sino también del teatro y el cine.

    ¿Cómo te encuentras María?

    Ahora muy bien, he pasado una temporada un poco difícil, pero ahora realmente estoy bien. Yo nunca pierdo las ilusiones, por lo menos procuro creerme que no las pierdo, pero si es verdad que he tenido unos años complicados de falta de familia, he tenido un cáncer de mama y bueno, con la dureza que lleva eso… pero yo he intentado que no me hundiera para nada, es decir ,todo lo contrario, toda mi obsesión era salir de esa historia.

    ¿Eso quiere decir que actualmente estas bien y esto es un episodio cerrado en tu vida?

    Espero que si, nunca se acaba del todo, porque te siguen haciendo revisiones, pero siempre voy muy ilusionada esperando que todo este bien y me digan: “estas estupenda María”.

    ¿Te has sentido apoyada por toda tu gente en esos momentos?

    Yo creo que en parte es lo que me ha sacado adelante, porque la verdad, tengo una familia estupenda, mis hijos son una delicia que me cuidan y me quieren mucho, pero además de eso, creo que tengo a los mejores amigos que se pueden tener, pero no por que me haya pasado eso y hayan estado a mi lado y me hayan estado cuidando. La mayoría son mas jóvenes que yo y antes de que me pasara esto ya me habían demostrado cuanto me quieren… a veces no entiendo que hacen conmigo jajaja

    Yo lo acabo de entender perfectamente…

    Los amo muchísimo y los quiero… cuando te pasa una cosa como esta es cuando realmente la gente te demuestra lo que te quiere. Creo que voy sobrada de cariño.

    ¿Actualmente has trabajado en las chicas del cable, como fue la experiencia?

    Bueno, es una experiencia muy pequeñita. Lo que pasa es que yo tenía mucha ilusión por trabajar en la productora Bambú, porque las cosas que hacen me gustan mucho y los compañeros me decían lo bien que trataban a los actores y yo decía : “yo quiero trabajar ahí”. Entonces cuando me llamaron para esto, que es una serie para Netflix pero es producción íntegra de bambú, me dije, yo quiero entrar haciendo lo que sea.

    ¿Cuál es tu papel?

    Hago de una abuela, pero abuela… y pobre que es mas abuela todavía. Hago muy poquito. En la primera temporada tuve un poquito y se acabo y ahora en esta segunda tengo algo más, pero muy poco también. Pero me gusta estar ahí, me divierto mucho y me gusta trabajar en televisión y en teatro, porque son las dos cosas que mas conozco y me siento como en mi casa. A mí me da vida trabajar.

    ¿Te gustan mas las series de hoy en día o las de antaño?

    Ahí de todo, yo soy una admiradora de las series españolas. Hombre, no de todas, porque también se han hecho muchas cosas mal, pero en general, yo creo que hay una ficción en España estupenda, a mi me gusta verla, me gusta ver que mis compañeros están divinamente todos, porque me pone muy nerviosa cuando alguien critica a alguno, aunque no lo conozca, porque nunca se sabe si es porque te han dirigido mal, si es porque no estas en un buen momento. Yo creo que hay series estupendas, actores maravillosos y mucha gente joven preciosa y que da gusto verlos delante de una pantalla.

    ¿Cómo viviste el fenómeno verano azul?

    Muy bien, soy muy nerviosa, pero tengo bastante paciencia para las cosas, y es verdad que cuando lo estábamos haciendo nadie pensaba que aquello iba hacer un bombazo. Lo vivimos de una manera natural sabiendo que estábamos haciendo algo bonito y entrañable. Tampoco éramos conscientes . Ahora tu grabas algo e inmediatamente lo ves y antes no, había que esperar un mes a que llegara el “copión” para ver si todo estaba correcto. Y luego de eso tenía un año de montaje porque eran diecinueve películas de mas de una hora. Como pasó un año desde que terminamos hasta que se emitió, cuando emitieron los tres primeros capítulos, piensa que solo existía una televisión, y empezamos a ver lo que pasaba en la calle… era muy tremendo.

    ¿Te llegó a superar la fama?

    A mí no, como decía antes, como tengo mucha paciencia, yo entendía y agradecía el hecho de que yo no pudiera dar dos pasos en la calle o no pudiera salir a comprar unas medias. Lo entendía porque lógicamente cuando entras en la casa de la gente y te cogen cariño eso se traduce en la calle y como yo sí tengo prisa lo digo. Cuando llegaba a mi casa después de darme ochocientos millones de besos en la calle, abrazos e invitarme todo el mundo a sus casas a comer rosquillas y cafés, decía: “que suerte tengo de que me esté pasando esto”. Yo a Verano Azul le agradezco muchas cosas, pero lo que mas le agradezco es lo que me ha pasado en la vida.

    ¿En su momento interpretar un personaje tan famoso te perjudicó o te benefició?

    Profesionalmente no lo llamaría perjudicar. En su momento sí que me costó un poquito arrancar otra vez sin que nadie pensara que era la chica de Verano azul. Pero costaba mucho, porque los directores pensaban que me iban a identificar mucho con el personaje de Julia. Pero ya te digo, me compensó mas lo otro.

    ¿Qué queda de la María Garralón de aquella época?

    Yo creo que casi todo, yo he cambiado muy poquito. Hombre, la vida te cambia en muchos aspectos, te pasan muchas cosas pero las tienes que aceptar. Yo he perdido a mi hermana hace poco, que para mí ha sido una de las cosas mas tremendas que me ha podido pasar. Pero he tenido dos hijos maravillosos. El matrimonio me duró diez años, pero bueno, me llevo estupendamente con el padre de mis hijos y me ha dado lo mejor que tengo en esta vida.

    ¿Algún secreto?

    He sido muy enamoradiza y aunque no se haya enterado nadie, he sido muy feliz.

    No eres muy asidua ni a photocalls, ni a revistas de corazón y has tenido siempre tu intimidad muy guardada

    Si, nunca me han gustado, pero tampoco lo he hecho aposta, yo creo que debo de tener cara de: “con esta no nos vamos a meter” jajaja. Si me tengo que poner en un photocall, me pongo, pero si puedo pasar por otra puerta también lo hago. Hombre, si es para amigos, no me importa nada. Si a mis amigos les va ayudar que yo me ponga delante de un photocall, yo me pongo, pero no es algo que me apasione.

    ¿Qué te aportó tu personaje de María de la Encarnación en Farmacia de Guardia?

    Recuerdo tantas risas con Cesar Estébanez. Fue una época en que había dado a luz hacia poco por lo cual no tenia mucho trabajo y Antonio Mercero (director) ya me conocía, porque había trabajado mucho con él. Realmente en un inicio mi papel estaba pensado para que fuera hombre. Y de repente a Antonio se le fue la cabeza y me dijo que ya tenía el papel para mí . Y empezamos haciendo historias muy cortitas pero funcionaba tan bien que los guionistas cada vez nos escribían mas cosas. En esa rebotica te podías morir de la risa. Antonio Mercero hacía tan bonitos los rodajes, con tanta humanidad que era una delicia.
    También fuiste Rocío en Compañeros ¿qué recuerdos guardas de esta serie?

    Lo que me gustaba del personaje de Rocío eran sus dos mundos: el mundo de su casa ,que era un horror, con todos esos problemas con Valle y luego el mundo del colegio donde a pesar de todos los problemas era feliz .

    Hace poco el actor Manuel Feijoo (Luismi en Compañeros) habló del fenómeno fan que atrajo a la serie, que la veían mas de siete millones de espectadores cada semana ¿les diste algún consejo?

    Era tremendo, Eva y Antonio (Valle y Quimi) no podían salir a la calle. Yo les di siempre dos consejos: que aprovecharan el momento, porque el momento termina, ya que igual que te adoran, te olvidan, y debían de tener la cabeza amueblada y segundo que se compraran un pisito jajaja. Muchos me hicieron caso.

    ¿Cuál serie de todas en las que has participado que te gustaría que se retomase?

    De las que he hecho están bien terminadas como están. Se habló mucho de una segunda parte de Verano Azul… lo que se ha hecho, se ha hecho y hay mucho nuevo por contar y por hacer.

    ¿Que es lo menos que te gusta de la fama? ¿y lo que mas?

    Como no me siento famosa… yo siempre tengo la sensación de que no me conoce nadie, pero luego llego a los sitios y veo que si me conoce mucha gente. Yo llevo una vida muy normal, mi familia, mis amigos, hacer comiditas y mover los muebles de mi casa para mover las energías de las cosas jajaja.

    ¿En este momento de tu vida que proyecto te gustaría que te propusiesen?

    En este momento de mi vida me gustaría que me propusieran algo, porque el trabajo esta muy flojito. Hay una serie llamada “El incidente” que ya esta grabada, pero que no tengo ni idea de cuando se pondrá. Pero si me gustaría volver a la televisión con un bonito personaje, aunque el teatro me encanta y en el sí que acabo de hacer una historia estupenda llamada “El festín de Babette” en Valladolid.

    El teatro también te ha dado muchas alegrías…

    Pues mira, hice una función en el año 2015 antes de que me pasara esto, que se estreno en el Valle Inclán para el Centro Dramático Nacional, llamada: “La pechuga de la sardina” de Lauro Olmo y creo que es de los personajes mas hermosos que he hecho en el teatro y fui muy feliz haciendo esa función. Había magia en esa obra de teatro.

    ¿Sientes que hay menos papeles para mujeres mayores de lo que tu desearías?

    Si, eso es verdad. Hombre ahora es muy difícil encajar porque se escriben muchas palabras para gente joven y aunque siempre tiene que haber alguien mas mayor, que te toque a ti es complicado.

    ¿Es más cruel el cine y la televisión para las mujeres que para los hombres?

    Pues no se si es cruel, pero yo creo que se sigue una tendencia de lo que se hacen mas o menos en televisión, las cadenas tampoco innovan mucho…

    REBOTEST

    ¿Cuál es tu ciudad favorita para viajar? 

    Nerja.

    ¿Y para vivir?

    Madrid, por mi profesión y porque soy madrileña de pura cepa.

    ¿Campo o playa?

    Las dos cosas, pero el mar tiene una atracción para mí muy especial.

    ¿Tu perfume favorito?

    El que mas uso es Rit Boss de Yves Laurent.

    ¿Tu color favorito?

    Los malvas, morados, azules…

    ¿Qué no soportas de una persona?

    Que me mienta.

    ¿Cuál es la cualidad que más destacas de una persona?

    Que me quiera.

    ¿Eres mas de los 80 o los 90?

    De los dos, como los he vivido…

    ¿Sin que no puedes salir de casa?

    Sin pintarme la raya del ojo.

    ¿Qué talento te hubiera gustado tener?

    Cantar.

    ¿Cuál es tu frase favorita?

    Me gusta levantarme por la mañana, abrir mi ventana, ver el sol y decir “gracias por lo grande que es”.

    ¿Cuál ha sido tu mayor logro?

    Mis hijos que son estupendos y la gente que me rodea.

    ¿Una canción que te recuerde a tu infancia?

    Cuando yo era pequeña, como iba a las monjas, pues… “que buenas son las madres escolapias, que buenas son que nos llevan de excursión”.

    ¿Le tienes miedo a algo?

    Mas que miedo, lo que yo tengo son inseguridades, aunque no lo parezca.

    ¿Algo que nunca harías?

    Nunca haría daño a alguien a quien quiero, ni nunca robaría o mentiría. Porque por mucho que me quieras, si me mientes yo ya no te voy a querer.

    ¿Cerveza o vino?

    Yo creo que vino.

    ¿Verano o invierno?

    Verano, sin dudarlo.

    Fuente: Ivan Reboso

  • Qué es la vida de María Garralón (Sep. 2013)

    ¡“HAY VIDA MÁS ALLÁ DEL DINERO Y LA BELLEZA”!

    Verano Azul”, “Farmacia de Guardia”, “Compañeros”, otras series e incalculables obras de teatro, cine y televisión en general, le dieron el cariño y el respeto de España. Una entrañable actriz y una gran mujer  que hoy nos cuenta… Qué es de su vida.

    En esta nueva entrega de ¿“Qué es de la vida de…?”, nos encontramos con María Garralón en el madrileño Paseo de la Castellana por donde también, cada mes, circula nuestra publicación.

    La gente que la reconoce la saluda efusivamente a lo que María que es la cordialidad y la simpatía en persona, corresponde espontáneamente.

    Pasan los años y ella sigue cosechando aplausos.

    Este mes en el Teatro Fernán Gómez con  “El Hotelito” de Antonio Gala.

    Como vemos es una de esas actrices que siguen en el candelero gracias a un reconocido trabajo de años con una esmerada dedicación que jamás fue relacionada con frivolidades o asuntos que no tuvieran que ver con los escenarios, que son parte de su vida.

    No suele salir en los papeles, precisamente por esa categoría y sobriedad con la que ha envuelto su trayectoria.

    María, pasan los años y tu jovialidad va en aumento ¿Alguna receta mágica?

    No ya no soy tan joven pero si hay algún secreto es el de estar rodeada de gente muy joven que te hace ver las cosas de otra manera. Mis hijos, mis amigos, mis sobrinos, los amigos de mis hijos. Incluso la mayoría de las series y obras de teatro que he hecho han sido con compañeros más jóvenes  que yo. Pienso que será por eso.

    ¿Cómo transcurre tu vida actual?

    Durante este mes de septiembre disfrutar de esta magnífica obra de teatro en favor de “La Casa del Actor” proyecto por el que hace tantos años se viene luchando. Sobre todo, encantada de colaborar al lado de cuatro actrices como son María Casal, Bárbara Rey, Alejandra Torray y Elena Martín. En octubre estaré en Microteatro por dinero, junto a Samuel Señas y dirigidos por Patricia Ferreira. Ya que hablábamos juventud, os diré que esta manera de hacer teatro a mi no me convencía mucho, pero reconozco que entre la gente joven  ha sido un descubrimiento, o sea que: no me lo voy a perder –nos comenta con su sincera sonrisa mientras posa amablemente para esta nueva serie que comenzó a rodar el mes pasado con gran aceptación por parte de los miles de lectores de ALGENTE-.

    ¿Qué recuerdos especiales guardas de aquel “Verano Azul”?

    ¿Recuerdos de “Verano Azul”? Pues muchos y todos buenos yo creo. Pero me quedo con todo el cariño que la gente me ha dado y me sigue dando gracias a aquella serie.

    ¿Y de “Farmacia de Guardia” y “Compañeros”??

    “Farmacia de Guardia”… un poco lo mismo. Lo pasamos tan bien haciéndola. Y además tanto “Farmacia” como “Compañeros” fueron series muy largas y gracias a ellas tengo grandes amigos.

    Eres de esas actrices que nunca mezclaron su vida íntima-personal con lo profesional ¿Qué opinas del panorama actual en el que muchas consiguen la popularidad, precisamente por actitudes contrarias?

    Pues es un panorama que a mi no me gusta mucho, porque de todo lo que rodea a mi oficio con lo que de verdad disfruto es subiéndome a un escenario o poniéndome delante de la cámara, lo demás ,lo que viene siendo la tontería me da un poco igual. Pero siempre he seguido el lema de: “Vive y deja vivir”, así que allá cada cual.

    ¿Qué es lo más bonito que te ha dado la vida?

    La vida me ha dado, primero una familia maravillosa con unos padres muy exigentes pero que me enseñaron a tener los pies en la tierra y a valorar las cosas sencillas. Unos hijos que no los cambio por nada del mundo y a los que adoro. Mis hermanos, mis sobrinos, todos siempre unidos. Una profesión que es mi vida. Y unos amigos que siempre creo que no me los merezco. No está mal no, que más puedo pedir.

    ¿Existe alguna etapa de esa vida que te hubiese gustado no haber vivido?

    Creo que no, he tenido momentos que no han sido bonitos pero supongo que es lo que tocaba.

    Porque… ¿Cómo fueron tus comienzos: duros? ¿Qué destacas de aquellos primeros años en el mundo del espectáculo?

    Pues mis comienzos fueron duros sobre todo a nivel familiar, porque mis padres realmente no lo entendían, aunque yo, con el tiempo, les comprendí; pero a nivel de trabajo tengo buenos recuerdos. No era fácil, como ahora, pero si pienso que nos ayudábamos más los unos a los otros. Ahora quizás somos demasiados y la competencia ya sabéis que a veces, puede ser cruel.

    ¿Crees a tope en el ser humano o has vivido experiencias, situaciones por las que “a ratos” te vuelves algo escéptica?

    Creo a tope en los seres humanos que me rodean. Si salgo de ahí hay mucha gente que no me gusta, y eso que siempre procuro buscar el lado bueno que (todavía confío) todos tenemos.

    ¿Le temes a la vejez?

    Más que temor es pensar que ya hay muchas cosas que no voy a poder hacer. Pero eso ya llegará, espero. Yo estoy en ese momento de madurez en que todavía soy joven pero con mucho más esfuerzo. Ja- ja- ja.

    ¿Lo mejor de la juventud?

    La propia juventud, la curiosidad, las ganas, la salud, la risa, la pelea por conseguir los sueños y “el todo” por hacer.

    ¿Y lo menos “bueno” de esos años juveniles?

    Pues actualmente la dificultad para conseguir esos sueños y este mundo difícil que les estamos poniendo.

    ¿Qué valores consideras que son fundamentales en un ser humano?

    La honestidad con uno mismo y con los demás. Y el bonito arte de saber “querer”.

    ¿Hay días en los que al ver “ciertas cosas” que forman parte de nuestra vida cotidiana, te gustaría irte lejos del mundanal ruido?

    Pues irme no, pero ante todo lo que estamos viviendo, lo que me entra es una rabia infinita. Y me gustaría ser capaz de hacer algo y de convencer a la gente de que hay vida más allá del dinero y la belleza.

    ¿Qué es lo que mayor felicidad te proporciona tu carrera de actriz?

    La mayor felicidad actualmente en mi carrera es trabajar.

    María Garralòn con años de trayectoria artística, es una actriz que se ha ganado a pulso el cariño y el respeto del público, de sus compañeros de profesión y de la prensa a la que ella siempre ha tratado con exquisitez, como vuelve a demostrarlo

    Fuente: Algente
    © J.B./L.C/Bayres/ALGENTE
    Fotogrografía © Revista ALGENTE.