Anécdotas

Durante el rodaje de Verano Azul ocurrieron infinidad de situaciones curiosas y divertidas. Estas son algunas de las más recordadas por sus protagonistas y el equipo de la serie.

Realmente en La Dorada sí había una parrilla de verdad y asaban sardinas que luego se comían, tal y como aparece en la serie.

La anécdota llegaba cuando Chanquete cogía el acordeón para animar a la pandilla. Aunque en pantalla parecía que sonaba de maravilla, Antonio Ferrandis no tenía demasiado sentido musical y del acordeón salían unos ruidos tremendos. Mientras los niños simulaban disfrutar de la música, la realidad era muy distinta.

El capítulo Las botellas iba a llamarse inicialmente Juego limpio, un detalle que aparece recogido en algunos libros sobre la serie.

Lo que casi nadie conoce es lo que ocurrió durante una escena en el Balcón de Europa. Pancho, Javi y Quique compartían un polo de limón mientras decían sus diálogos. La idea era que cada uno diera un mordisco y lo pasara al siguiente. Sin embargo, Pancho y Javi decidieron gastar una broma a Quique: en lugar de morder el polo, apenas lo chupaban un poco.

Cuando el helado llegaba a Quique, prácticamente entero pero ya medio derretido, tenía que comérselo de un solo bocado. Como la escena hubo que repetirla siete veces, acabó comiéndose siete polos de limón seguidos.

Durante un día de rodaje, Miguel desapareció y el equipo empezó a preocuparse al no encontrarlo por ninguna parte.

Finalmente lo localizaron de camino a su casa con una buena indigestión. Mientras esperaba a que llegara el momento de grabar su escena, había estado comiendo tomates sin parar.

María Garralón no sabía montar en bicicleta, por lo que tuvo que practicar durante varios días antes del rodaje.

Todo iba bien hasta que llegó el momento de grabar. Nada más escuchar el clásico «¡Se rueda!», los niños más pequeños se cruzaron delante de ella y terminó estrellándose contra unas tomateras que había junto al camino.

Durante el rodaje quisieron gastar una broma a Miguel Ángel Valero.

Sin que él se diera cuenta, ataron su mochila a una de las astas de La Dorada. Cuando empezó a caminar, la mochila quedó enganchada y acabó dándose un buen trompazo, para diversión del resto del equipo.